Tardará en volver la normalidad a las vidas de miles de gente que ahora han perdido sus hogares, sus pertenencias, su sosiego. Gente que ha visto volar por los aires sus proyectos inmediatos, sus íntimas certezas acerca del porvenir.
Otra vez, Rigoberto Oquendo rasga aquí la cuerda más íntima. Nos recuerda que él emprendió hace tiempo, cámara en mano, su propio viaje por las tercas provincias de la memoria y la soledad familiar.
El saldo es el siguiente: cuatro muertos, 195 heridos; 1 238 derrumbes de viviendas entre totales y parciales; decenas de escuelas, círculos infantiles, policlínicos y otras dependencias estatales.
El juego constituye uno de los primeros ámbitos o modos de socialización en que el hombre se descubre a sí mismo y a los otros; comienza así a aprehender la realidad.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.