Ha sido funambulista y chainsmoker. Como el Paterson de Jarmusch, escribe poemas que nunca publica. Posee una debilidad alarmante por los puentes y las boyas. La toman, tan a menudo por extranjera, que se siente así en todas partes. Quisiera creerle a Issa, que le sobrevive, le sobrevive a todo, la frialdad.
El mango del patio vecino parece un trompo. Pero es así, cuando hay un huracán todo se desperdiga, todo está en el aire. El huracán parece querer recordarnos...
«Arpa donde florecen tonadas de otros tiempos, déjame pasar las manos por tus cuerdas». Marguerite Yourcenar. El último amor del príncipe Genghi
Las tumbas del cementerio chino...
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.