Filólogo ovni. Lector paranoico de Lo cubano en la pornografía, de Cintio Vitier. Hincha del jazz y el Glenfiddich. Con una atracción casi patológica por las periodistas que calzan el número de Madonna. Planea el secuestro de Leonardo Padura.
Puede que a los Neuróticos Anónimos les importara menos la “técnica”, pero aun así contaban sus historias de vida de perros con la suficiente pericia como para obtener una reacción positiva de su público. Mucha de aquella gente llevaba tantos años hablando en reuniones que al escucharlos uno oía soliloquios geniales. Actores brillantes que se interpretaban a sí mismos. Monólogos que daban fe de su instinto para revelar lentamente la información clave, para crear tensión, establecer desenlaces y captar por completo al oyente.
El campo cultural cubano no solo es un campo en tensión, como tantas veces le escuchamos decir a Pierre Bourdieu, sino algo resbaladizo y tentacular y con una cantidad considerable de arrastres de pies, personajes anónimos y porn stars.
La literatura hoy tiene más que ver con la cantidad de amigos en Facebook, los likes y las veces compartidas, twitteadas, esto es: con el número de post, que con el canon de Harold Bloom...
Se sabe: Pedro Juan Gutiérrez ha dejado de ser un escritor maldito, sin que eso sea necesariamente algo bueno. Como un fantasma carente de terror, ahora vuelve en ediciones masivas y oficiales y casi convertidas en patrimonio de la UNEAC.
En Cuba se puede inaugurar un estudio-galería, un bar, una cafetería, un gimnasio, una clínica de celular, un acuario, una trasquiladora, una desmochadora de palmas, una carbonera, un establo…, pero no una editorial.