En 1980 transportarse en La Habana era mucho más sencillo que ahora. La capital todavía no alcanzaba los dos millones de habitantes y contaba con dos mil 500 ómnibus urbanos. Sin embargo, desde los años noventa, la urbe se ha mantenido sobre los 2.1 millones de habitantes, y la cifra de ómnibus no ha hecho más que decaer: a finales de 2019, había 600, y, para octubre de 2023, menos de 300. Esta tendencia ha venido acompañada de una grave escasez de gasolina.
Así lo llamaron, «movimiento de cuadros», una frase que a alguien no muy familiarizado con la jerga burocrática recordaría más bien los trabajos en una galería de arte. A Gil, en efecto, lo movieron: quién sabe a qué otro salón en el museo del poder cubano; quién sabe si lo enviaron, definitivamente, al sótano con una sábana encima.
Las reglas de este juego, tan explotadas en la ciencia ficción especulativa mediante el llamado «efecto mariposa» y las teorías sobre el multiverso, indican que cualquier acción en cualquier lugar tiene el potencial de cambiar el curso de la historia. Por tanto, dejo las más obvias a los lectores, convencido de que al menos una les ha pasado alguna vez por la mente, y comparto acá otras tres no tan comunes.
El 21 de enero de enero de 2020, Mónica salió rumbo a Moscú. La madre y su padrastro fueron a despedirla al aeropuerto. Lloraron, se abrazaron, se tomaron muchas fotos. En una de esas fotos, Diana posa junto a su hija. Ella, la hija, llevaba unos pantalones ajustados, el cabello corto y crespo, una chaqueta de tela sintética que simulaba cuero, rematada con un cuello que simulaba pelo de zorro. Excepto por el volumen de sus senos, oprimidos por una faja bajo la ropa, Mónica se fue de Cuba simulando ser un hombre.
«El cambio nunca va a venir en Cuba desde el poder; nunca va a ser vertical. Vertical es el autoritarismo; pero lo que puede debilitarlo tiene que venir desde abajo. Por eso digo que Cuba cambia si nosotros cambiamos».
Javier Milei y Nayib Bukele son del tipo de populista que propone un nuevo pacto social: el sacrificio de más derechos a cambio de una solución drástica al problema que ellos identifican como el más urgente del país. Un trato, a todas luces, fáustico.