Un nuevo giro en la actual crisis migratoria cubana

El 5 de enero de 2023 el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS, en inglés), publicó un comunicado donde se explicaba el cambio en la política migratoria de ese país con respecto a los nacionales de Cuba, Nicaragua y Haití. Las nuevas regulaciones impiden que los migrantes de esos tres países se presenten en frontera por su cuenta, tal como ocurría hasta ese momento.

Ahora los cubanos también deben agendar una cita para presentarse ante la Patrulla Fronteriza estadounidense. Cada mes se admitirá la entrada de hasta 30 mil migrantes procedentes de Venezuela, Nicaragua, Haití y Cuba. Quienes no tengan esa cita serán expulsados de manera inmediata hacia México (en el caso de la frontera terrestre sur) o retornados a sus países de origen. 

¿Por qué hace tal cosa Estados Unidos?

El comunicado detalla que el DHS «continúa preparándose para el fin de la orden de salud pública [conocida como] Título 42». Con esa medida —tomada en marzo de 2020 a raíz de la pandemia—, la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) prohíbe la entrada de ciertas personas que «potencialmente representan un riesgo para la salud».

El DHS reconoce que el Título 42 «está sujeto a múltiples órdenes judiciales». Varios jueces han ordenado su suspensión, y ahora mismo se mantiene en vigor por la enorme influencia de los republicanos en estados notablemente afectados por la migración, como Texas

De acuerdo a las estadísticas de la CBP, en el año fiscal 2022 (del 1 de octubre de 2021 al 30 de septiembre de 2022) llegaron a territorio estadounidense dos millones 766 mil 582 migrantes; es decir, un promedio diario de siete mil 579. Si no hubiese existido el Título 42, esa cifra récord hubiese sido incluso mucho mayor.

Los nacionales de Cuba, Nicaragua, Venezuela y Haití que llegaron en ese período (635 mil 323) representan el 23 por ciento del total. El gobierno de Estados Unidos pretende entonces controlar la entrada de nuevos migrantes a su territorio cuando ya no esté el Título 42.

¿Parole humanitario?

De acuerdo con la página web de la Embajada de Washington en La Habana, «el parole es un tipo especial de admisión a Estados Unidos, no una visa, aun cuando a los beneficiarios de parole se les estampa este permiso de entrada en sus pasaportes, de manera similar a una visa».

En el comunicado emitido por el DHS no se menciona la palabra «visa», ni siquiera el término parole. De ahí que la nueva política resulte confusa en ciertos aspectos. El DHS explica que los cubanos con intenciones de entrar en su territorio deben tener un «patrocinador» en Estados Unidos que los respalde económicamente. Detalla además que solo podrán ingresar a ese país a través de ocho pasos fronterizos con México: uno en Arizona (Nogales), cinco en Texas (Brownsville, Hidalgo, Laredo, Eagle Pass y El Paso), y dos en California (Calexico y San Ysidro).

El antecedente directo de esta medida es la aplicada a los venezolanos desde octubre de 2022. En ese momento el comunicado del DHS sí dejó claro que «los venezolanos no deben viajar a México para intentar entrar a Estados Unidos» porque «los aprobados a través de este proceso serán autorizados, caso por caso, a viajar a Estados Unidos por vía aérea directamente (presumiblemente desde Venezuela), a un puerto de entrada en el interior, aliviando así la presión en la frontera».

Aunque el DHS no habla de vuelos directos en su reciente comunicado sobre los cubanos, algunos en la isla han avanzado en el proceso y ya han recibido autorizaciones de viaje

Sobre cómo se avala finalmente ese parole, la Embajada estadounidense en la isla aclara en su página web: «El parole es un programa que se ejecuta a discreción de los Servicios de Inmigración y Ciudadanía de Estados Unidos (USCIS), aunque la Sección Consular es quien realiza la mayor parte del procesamiento».

«La Embajada de Estados Unidos no se involucra en este proceso hasta la fase final, en la que entrevistamos a los aplicantes aprobados y entregamos los documentos de viaje», detalló hace pocos días en Instagram un funcionario de esa sede diplomática. 

¿Qué hacer para lograr un parole humanitario?

Una vez existe el patrocinador (con quien no necesariamente debe existir un vínculo filial), y si el probable migrante está dentro de Cuba, debe ser aquel quien inicie los trámites a través de esta web: www.uscis.gov/CHNV. Cumplidos los requisitos básicos para el aspirante (antecedentes penales limpios, solvencia económica, vacunas contra la COVID-19), y superados también los correspondientes controles biométricos y biográficos de seguridad, el proceso debe avanzar sin contratiempos. 

Si, por ejemplo, el migrante está en México, y desea entregarse en la frontera con Estados Unidos, debe agendar antes una cita a través de la aplicación CBP One. 

En ambos casos queda a discreción de USCIS si admite o no a los postulantes. 

El parole humanitario se hará efectivo una vez que el migrante llegue a Estados Unidos. Los beneficiados podrán trabajar durante dos años. 

En el caso de los cubanos, la denominada Ley de Ajuste Cubano, vigente desde 1966, establece que los nacionales de la isla podrán obtener residencia al año de haber ingresado a Estados Unidos. 

¿Qué consecuencias tendrá esta política?

Más del 90 por ciento del flujo de migrantes venezolanos que llegaba a la frontera de Estados Unidos con México desapareció tras idéntica modificación de la política migratoria en octubre pasado. Si el gobierno estadounidense repartiera equitativamente los 30 mil cupos entre los solicitantes de Venezuela, Nicaragua, Haití y Cuba, apenas siete mil 500 migrantes de cada nación podrían entrar cada mes. Esa cifra sería poco más que la quinta parte de los 35 mil 849 cubanos que entraron en noviembre último (casi mil 200 al día).

Si tenemos en cuenta que la crisis económica en Cuba no da señales de terminar pronto, y que los cubanos, a todas luces, no pueden cambiar en el corto plazo el sistema político que cobija esa crisis, parece obvia la continuidad de esta ola migratoria. Como la ruta a través de Centroamérica no será efectiva a partir de ahora, solo quedaría otra salida: el mar.

La crisis migratoria de los noventa demostró ampliamente que muchos cubanos prefieren jugarse la vida en el Estrecho de Florida antes que soportar la precariedad isleña. De hecho, ya lo están haciendo. Entre el 1 de octubre de 2022 y el 6 de enero de 2023, la Guardia Costera de Estados Unidos interceptó a cuatro mil 915 cubanos en el mar, un promedio de 50 al día. 

Esa cantidad es casi el 80 por ciento de todos los balseros detenidos (seis mil 182) en los 12 meses anteriores.

Las autoridades norteamericanas son conscientes de ese incremento y han reforzado los operativos para frustrar esos viajes. Hace pocos días el gobernador de Florida, Ron DeSantis, movilizó a la Guardia Nacional para ayudar a los funcionarios locales a manejar el creciente flujo de migrantes cubanos que llegan a los cayos de Florida. 

El secretario de Seguridad Nacional, Alejandro N. Mayorkas, lanzó una advertencia en entrevista para La Voz de América: «Sería un grave error que la gente lo hiciera [llegar por mar a costas estadounidenses]. Estamos observando muy de cerca, no tendrán éxito. Ejerceremos nuestras autoridades legales».Mientras tanto, algunos cubanos venden en redes sociales motores para embarcaciones rústicas; otros utilizan camiones o tractores para transportar sus balsas hasta el mar. Hay quien solo obtiene malas noticias de los que se fueron.

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