"Las prisiones federales vienen siendo, para un cubano, como un hotel cinco estrellas. Podíamos cocinarnos, manipular hornos microwave. Nos vendían latas de troncho, de carne de res, jamón serrano, sardina, pollo deshuesado, prensado ¡Comida!".
"A un gramo se le sacan varias líneas pa esnifar. Hay personas que hacen unas líneas grandes, otras las hacen chiquitas. Pero un gramo da para pasar bien bien un día entero. El efecto de una línea de coca puede durarte de treinta minutos a una hora, depende de la reacción que tenga el organismo", cuenta Víctor.
De alguna manera, casi todo lo que debemos saber sobre el viejo está escondido en esa frase. Primero, que lleva casi cincuenta años en los Estados Unidos, desde que en 1967 se marchara definitivamente de Cuba para reunirse con su esposa y dos hijos (el mayor de ellos, Roberto Rodríguez Díaz, uno de los “niños Pedro/Peter Pan”), pero también huyendo de la cárcel por conspirar contra la Revolución. Segundo, que desde entonces ha vivido anclado siempre en la añoranza.
Es que ya en La Habana se conoce lo suficiente de Miami y no vale la pena especular. Se sabe que el Rolex es falso, rentado o prestado. Y que no es que tu libro se lea en “toda Harvard”, sino que un socio lo incluye en un seminario de idioma español; que nada tiene que ver con las relaciones Cuba-EEUU.
Ha demorado tanto en llegar este momento que ya no causa ni tanta pena a los que adoraban a Fidel como si todavía fuera 1959, ni el mismo triunfante júbilo a los que lo odiaban como si fuera el Anticristo. La reacción a la muerte de Fidel tiene bastante de inercia, no se ve muy bien qué puede celebrar el exilio cubano, que no pudo impedir que Fidel muriera de muy viejo, en su cama, rodeado de sus hijos, y dejando a su hermano y sus secuaces al mando del país.
Las masivas protestas del 11 de julio de 2021 demostraron que el miedo podía romperse. Las que hoy recorren Cuba demuestran que esa lección sobrevivió a la represión.