La lluvia de Miami puede ser amarga o dulce y no depende exactamente de la lluvia. Depende del costo del alquiler que estés pagando en ese momento. La lluvia viene de arriba y las promociones vienen de arriba. El cielo lo aguanta todo.
Hay un Miami dramáticamente desenfocado pero no escrituralmente dramático, y viceversa. Ese Miami al que cualquier exiliado se acostumbra, el de no saber cómo vas a pasar gato por liebre pues no tienes ni gato ni liebre, si acaso un ratoncito de laboratorio, si acaso un gusanito.
A Edna Buchanan le han cerrado mil puertas en la cara, le han colgado el teléfono otras tantas, le han lanzado piedras, le han apuntado con un arma de fuego, la han amenazado de muerte y nada de ello ha hecho que se detenga en su misión: conseguir la historia más interesante posible y situarla en la portada del periódico.
Se venden libros en español pero no se compran libros en español, sobre todo se presentan libros, se lanzan libros, muchísimos. Porque en Miami, como en cualquier ciudad del mundo ancho y enorme, lo más imporante es la venta, de lo que sea y en el idioma que sea.