Ha demorado tanto en llegar este momento que ya no causa ni tanta pena a los que adoraban a Fidel como si todavía fuera 1959, ni el mismo triunfante júbilo a los que lo odiaban como si fuera el Anticristo. La reacción a la muerte de Fidel tiene bastante de inercia, no se ve muy bien qué puede celebrar el exilio cubano, que no pudo impedir que Fidel muriera de muy viejo, en su cama, rodeado de sus hijos, y dejando a su hermano y sus secuaces al mando del país.
Mi nombre es Jorge J. Pérez. Nací hace 29 años en el corazón del Cerro, en La Habana. Mi obsesión es robarle historias al tiempo, eso soy. Más que un fotógrafo, soy un ladrón de recuerdos, de memorias, de historias que pretendo capturar con cada imagen.