Veintiocho años después de haber sido elegido por primera vez como delegado de su Circunscripción, Rigo lamenta no haber podido solucionar el último de los planteamientos originales.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.