Columnas

‘Severo secreto’: el regreso imposible de Severo Sarduy

Para Oneyda y Gustavo El travesti no copia: simula, pues no hay norma que invite y magnetice la transformación, que decida la metáfora: es más bien...

Tijeras

Abrió la puerta. Era chiquito, rígido, y adelantaba la cabeza como un boxeador ansioso. Dijo: —¿Usted es el médico? Asentí. Me invitó a pasar de mala gana....

Ladrillos sin revestimiento 

Vuelvo a dormir abrazado a él. Le digo que lo quiero, pero no es así; tampoco es del todo incierto. Lo quiero en ese...

La Plaza del Teatro

Llegó la hora de hablar de ella. Es pequeña; escondida como si no le interesara recibir visitas. En esta ciudad todo es pequeño, menos...

El cielo y la furia 

El mango del patio vecino parece un trompo. Pero es así, cuando hay un huracán todo se desperdiga, todo está en el aire. El huracán parece querer recordarnos...

El submarino Godard

Estoy escribiendo esto en un escritorio que un hombre me obsequió hace unos meses, tecleo en mi laptop, entre un espejo y un librero,...
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Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.

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