Un taxista es una persona con un oído muy fino. Es un repositorio de las historias de la ciudad y sus gentes. Un taxista de los nuestros, de los que nos llevan y traen, siempre tiene algo que contarte o preguntarte.
Me dicen que aquel lugar ruinoso de la esquina de 12 y 17, en El Vedado habanero, que antes fue una fonda para miserables y, mucho más atrás, un restaurantillo estatal con relativo éxito, es ahora un lugar limpio y «decente».
En Barrio Gótico de Barcelona, un cubano recién llegado observa las fachadas y observa, quizá, el laberinto de sí mismo como si fuera otro. Una crónica filtrada por la mirada inquietantemente cinematográfica de su autor.
Ser opositor en Cuba significa soportar la censura, la criminalización y los incontables procesos represivos del régimen. Ser opositor y de izquierdas en Cuba se traduce en invisibilización, moralización, abandono y desprecio por parte de la otra oposición, más visible, mayoritaria, que se reconoce de derechas. En un terreno de exclusiones, donde la posverdad y el sensacionalismo determinan los rumbos hacia el futuro, para alguien como yo no queda más que vivir expuesto a un fuego cruzado.