No es que el multiculturalismo no hubiera tenido detractores del más alto copete, como Harold Bloom o Robert Hughes. Pero hay una diferencia entre escribir un libro y levantar un muro, o entre acusarte de resentimiento y deportarte.
El caso es que se nos avecinan, en cadena, el centenario de la revolución soviética (2017), el cincuenta aniversario de mayo del 68 (2018) y los treinta años de la caída del Muro de Berlín (2019). Tres años en los que, presumiblemente, el siglo XX se precipitará sobre nosotros para ser escrutado a conciencia.
Desde mi perspectiva de entonces (la de alguien que nunca había visto un país del “capitalismo real”), más que una transformación, lo que experimentaba el mundo comunista era una conversión en toda la regla. Aquella gente estaba pasando, sin vaselina pero con terapia de choque, del kitsch comunista al kitsch occidental.
La de Trump es la victoria de lo estridente sobre lo rutilante. Así que, mientras más estrellas de Hollywood, más intelectuales, más progresistas de fuste se dedicaban a defenestrarlo, más se incubaba el voto sañudo de un proletariado que, entre una emancipación hipotética y una explotación segura, ha optado por esta última.
En ese momento de nuestra continuidad postmorten, los hechos, después de ocurrir como tragedia y como farsa (según la predicción de Marx), se han dispuesto para una tercera posibilidad: permanecer como estética.
En 2025 registramos el fallecimiento de 36 héroes y heroínas. De ellos, 21 murieron en el exilio según la información recabada, y 15 lo habrían hecho en el país.
El esfuerzo cubano por la libertad tiene en sus héroes y sus heroínas la savia del país futuro. El registro de los luchadores prodemocracia que fallecen cada año ofrece, al mismo tiempo, un mosaico de las características generales y los detalles de esa empresa.
El gran tema político del futuro cercano en Estados Unidos se centrará en qué rama del populismo económico puede responder mejor a la necesidad de que una mayoría de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, vuelva a sentirse partícipe de ese crecimiento, y traducir el descontento económico en propuestas concretas sobre salarios, vivienda, impuestos, competencia empresarial y poder corporativo.