MAGA expiró este martes 3 de noviembre en las urnas, voto a voto, cediendo posición tras posición, estado tras estado. El movimiento de ultraderecha que lidera Donald Trump fue superado por un «bluenami» indetenible, término con que comentaristas de CNN bautizaron el maremoto azul que cambió la geografía política de Estados Unidos, pulverizó bastiones republicanos como Texas y Kansas (que llevaba 94 años sin elegir a un senador demócrata), y amenaza con traspasar incluso las fronteras de Mississippi.
Al momento de escribir esta historia, NBC contabilizaba 242 asientos demócratas en la Cámara Baja —35 arrebatados a los republicanos— y proyectaba entre 255 y 259 una vez concluya el conteo. En el Senado, los demócratas suman al menos 54 escaños, con Alaska y Mississippi aún sin definir. A ello se suman entre 28 y 30 gobernaciones.
Ron DeSantis, gobernador de Florida, describió en X la magnitud de la tragedia MAGA con tintes de impacto existencial: «Al ver el mapa del Senado y un margen tan masivo en la Cámara, es muy improbable que los republicanos recuperen el Congreso en 2028. Quizás no tengamos opción de controlar el Senado hasta 2032».
Florida, epicentro y cuartel general de MAGA (Mar-a-Lago), resistió a duras penas el embate de la ofensiva demócrata, aunque a un costo todavía por determinar.
La noche del martes, dos de los tres congresistas cubanoamericanos de Miami vieron pasar su vida entera ante sus ojos. María Elvira Salazar (Distrito 27), quien había ganado por casi 20 puntos en 2024, ya se proclamó vencedora, pero su ventaja sobre Eliott Rodríguez es de apenas 1 116 votos (0.46 por ciento). Esa diferencia activa un recuento automático, según anunció la Supervisora de Elecciones de Miami-Dade.
Lo ocurrido con Mario Diaz-Balart en el Distrito 26 fue todavía más sorprendente. El veterano legislador, con más de dos décadas en el Capitolio y respaldado por el 71 por ciento de los sufragios en su elección anterior, se pasó la tarde del 3 de noviembre implorando auxilio a los votantes de Hialeah desde emisoras de radio y plataformas digitales.
Diaz Balart está ganando este 4 de noviembre por 1 772 votos a Nicole Locklin, una joven abogada originaria de San Francisco que hizo campaña sin apoyos del Partido Demócrata, recorriendo a pie cada rincón del distrito. Locklin no ha reconocido los resultados y está interponiendo recursos legales luego de que al filo de la medianoche varias plataformas de resultados, incluyendo CNN, la dieron como ganadora por más de 1 200 sufragios con el 99 por ciento de los sufragios contabilizados, para luego modificar la cifra y colocarla por debajo con un dos por ciento de votos por contar.
Un miembro de la campaña de Locklin dijo a El Estornudo que antes de la medianoche Mario «desaparecieron tres mil votos» que le habrían asegurado la victoria. «Nadie ha podido explicar hasta ahora qué ocurrió, nadie nos dice adónde fueron esos votos», dijo la fuente. El equipo de Locklin está exigiendo una auditoría electrónica inmediata.

Perdieron Florida, pero ganaron Miami-Dade
A nivel estatal, los dos principales candidatos demócratas no lograron surfear la «ola azul» hasta la orilla de la victoria. Una vez más, sin un sólido apoyo partidista, tuvieron que enfrentar a candidatos respaldados por maquinarias financieras, operativamente muy bien aceitadas. Un dato revelador: el candidato republicano a la gobernación, Byron Donalds, recaudó 176 millones de dólares contra apenas 28 millones de su rival, David Jolly.
Al final de la noche, Donalds se impuso por la mínima, 50 a 49 por ciento, mientras la senadora republicana Ashley Moody retuvo el escaño frente a la candidata demócrata Angie Nixon por 50.8 a 47.9 por ciento. Para ponerlo en perspectiva: es el mismo estado que Trump ganó en 2024 por 13 puntos porcentuales.
Nixon, legisladora estatal de Jacksonville con 20 años de experiencia como organizadora comunitaria y apenas 975 000 dólares, había derrotado sorpresivamente en las primarias por 56 a 44 por ciento a Alexander Vindman, quien había recaudado 16 millones de dólares.
Su campaña estuvo marcada por continuas acusaciones sobre su afiliación a los Socialistas Democráticos de América (DSA), un grupo que generó controversia al publicar un mensaje de elogio a Fidel Castro en el centenario de su nacimiento, y cuyos miembros más extremistas abogan por la desaparición del Senado, las cárceles y la Policía.


En decenas de entrevistas con medios tradicionales y digitales, Nixon negó que fuese socialista, rechazó los tributos a Castro, no tuvo reparos en calificar al régimen de Cuba como una dictadura y exigió elecciones libres e inmediatas en Venezuela. «Condeno las dictaduras allí donde se encuentren, ya sea en Cuba, Venezuela o Estados Unidos», fue una de sus afirmaciones más recurrentes. En materia migratoria, apoyó públicamente la abolición de ICE [U.S. Immigration and Customs Enforcement], abogó por la extensión de los programas de TPS [Status de Protección Temporal; siglas en inglés] para haitianos y venezolanos, y defendió la legalización de casi medio millón de cubanos con estatus I220A.
Nixon explicó una y otra vez que se afilió a los DSA antes de que se emitieran los comentarios acerca de Castro y que, de esa plataforma, solo compartía las demandas sobre vivienda justa, una opción pública de salud y la elevación del salario mínimo.
De poco sirvieron sus aclaraciones. Los republicanos de Florida hicieron de Nixon el blanco favorito de una interminable andanada de ataques ideológicos, contra su campaña y contra el resto de los candidatos demócratas. La agitación del fantasma del socialismo se convirtió en la principal línea ofensiva de los estrategas MAGA y sus voceros en las redes sociales.
Pero esa estrategia no bastó en Miami-Dade. Lejos de espantar a los votantes, Nixon y Jolly pintaron de azul el condado: Nixon ganó por 7.1 puntos y Jolly por casi siete, según datos preliminares. Borraron la ventaja de 11.4 puntos de Trump en 2024 (un viraje total de unos 18 puntos porcentuales) y devolvieron el territorio a los demócratas.
Nixon, en particular, movilizó una sólida coalición de votantes afroamericanos, blancos, hispanos, mujeres y estudiantes que benefició a todos los candidatos locales y estatales, incluido el propio Jolly, más popular entre demócratas clásicos, independientes y republicanos anti-Trump.
En Miami Dade, los electores afroamericanos apoyaron masivamente a Nixon, quien —según los primeros escrutinios—, también consiguió un apoyo apreciable entre votantes hispanos pese al intenso barraje de acusaciones ideológicamente motivadas. En las redes sociales se hicieron comunes videos de cubanoamericanos, incluyendo republicanos, votando por la boleta demócrata completa. Los temas de movilización: inmigración y economía, justamente dos de las prioridades que movilizaron el voto a nivel nacional, de acuerdo con una encuesta de CNN realizada entre los votantes el día de la elección.

Durante su discurso de concesión, en Jacksonville, mientras las lágrimas surcaban sus mejillas, Angie Nixon se comprometió a no abandonar la pelea.
Este miércoles 4, a mediodía, entre agradecimientos a su campaña vía Zoom, fue aún más explícita sobre sus planes inmediatos: «Después de unos días de descanso, tenemos que empezar ya a registrar votantes», dijo. «El 2028 está a la vuelta de la esquina».
*El autor trabajó como consultor de Medios y Estrategia/Voto Hispano para las campañas de Angie Nixon al Senado y David Jolly a la Gobernación de Florida.
