En el ensayo Viaje al corazón de Cuba, Carlos Alberto Montaner alega que no hubo en las últimas décadas mayor impulsor de la corriente anexionista que Fidel Castro.
Montaner, uno de los más destacados intelectuales cubanos en el exilio, hace notar que al triunfo de la Revolución, en 1959, el anexionismo era una corriente política básicamente inexistente, extinta desde hacía mucho.



Sin embargo, tras 67 años de comunismo y retórica antiestadounidense, una gran parte de la población cubana vive en el país norteamericano, y esa comunidad soporta un peso económico mayúsculo con sus remesas monetarias y otros envíos hacia Cuba. Por otra parte, los lobbies cubanoamericanos han llegado a alcanzar una influencia en Estados Unidos que ni soñaron los anexionistas del siglo XIX.





Durante todos estos años, y hoy más que nunca, la mayor esperanza de muchísimos cubanos ha sido emigrar, casi siempre hacia el norte. Y una importante porción de ellos ya ni siquiera confía en sí mismos, como pueblo, para tomar las riendas del país.


Afirma Montaner que, lejos de revitalizar el nacionalismo entre los cubanos, Fidel Castro revirtió ese sentimiento que imperaba en el país hasta que él tomó el poder.

«El peor anexionista ha resultado ser él mismo», sentencia.


Se trata de un libro publicado en 1999, mucho antes de que se hicieran comunes las banderas y toda la simbología estadounidense en las calles de La Habana. Pero, sobre todo, mucho antes de que el anexionismo volviera a ser una corriente política que despierta simpatías en no pocos cubanos.



