El pan y el populismo en Chile

    El 2022 fue el año de mayor inflación en Chile en décadas, ahora, en el 2023, con los precios todavía altos, la economía comienza a desacelerarse hacia una probable recesión. La «estanflación» podría llegar cuando se mezclan los mismos ingredientes necesarios para cocinar políticas populistas. 

    Receta para 12 panes amasados:

    1kg de harina

    1 octavo de manteca

    1 taza y media de agua

    Dos cucharaditas de levadura

    El secreto: nada de poesía

    La panadería El Rey podría pasar desapercibida. Es una casa entre muchas casas que están desparramadas en alguna de las carreteras que circundan María Pinto, una comuna a poco menos de una hora de Santiago de Chile. Pasadas las 13:00 horas, su dueño quita el letrero negro con letras blancas que dice «PAN», y se convierte en una casa más. 

    El establecimiento ocupa solo un cuarto, de no más de nueve por tres metros, que se abre hacia la carretera. Al lado de la entrada, recostado contra una pared, hay otro letrero mucho más grande, como recordando tiempos mejores, que tiene el logo de Coca-Cola y que dice en letras negras y rojas: «Panadería El Rey». Al entrar están los típicos refrigeradores blancos y, en la vitrina, hay jamón, queso, huevos, pero la especialidad de la casa está atrás, en unos cajones de madera tapados con trapos blancos. La gente de María Pinto llega hasta El Rey por su pan amasado. Ese pan redondo, un poco plano, denso y pesado; uno de los que más se come en Chile. Un pan de pocos ingredientes. 

    Panadería El Rey / Foto: Silvio Albarrán.

    El Rey ha vendido pan durante diez años en el país que más pan come en Latinoamérica, el segundo o tercero en el mundo, según los ránkings que miden ese tipo de cosas. Pero el año pasado la inflación en Chile alcanzó el 12.8 por ciento acumulado, una cifra no vista desde comienzos de los años noventa. Por eso El Rey se ha visto obligado a subir sus precios. 

    ***

    ¿Qué pasa cuando en el país que más pan come en Latinoamérica acontece semejante alza en el precio de ese alimento tan básico como simbólico? 

    «El pan, la masa… la transformación de trigo en masa es una de las formas más básicas de alimentación y el pan es carbohidrato, que es la principal fuente de energía, es decir, la forma más común en que conseguimos energía en Chile es con el pan», dice Valeria Campos, filósofa y profesora de la Universidad Católica de Valparaíso. «Y el carbohidrato libera hormonas de la felicidad», agrega. 

    Tal vez, una de las felicidades más democráticas. Un pan con palta o mantequilla es una felicidad cotidiana al alcance de casi todos. «Para el chileno, el pan es un símbolo importante», dice Campos. Y está impregnado en la cultura, en los dichos de cada día: 

    «La guagua nace con la marraqueta bajo el brazo». 

    «Si gana Chile, la marraqueta está más crujiente». 

    «Al pan pan y al vino vino».

    «Tomen y coman todos de él, porque este es mi cuerpo que será entregado por ustedes…».

    La falta de pan también es índice de hambre y escasez general en muchas culturas. Y, señala Campos, la inflación actual ya está llevando a un problema: «El alimento base, alimento madre que es el pan, se está escapando de las manos, sobre todo de las clases populares, que son las más afectadas por la inflación». 

    ***

    Panadería El Rey / Foto: Silvio Albarrán.

    Richard Olivares se acerca despacio al mostrador. Es ancho y usa bastón. Le puso El Rey a la panadería en honor a su padre; así le decían, aclara. Atrás está su hijo, una réplica de él mismo algunas décadas más joven, quien atiende mientras ve un partido de fútbol. Lo ayuda los fines de semana, cuando no está en la universidad. Hace un año, dice Olivares, vendía el kilo de pan a mil 500 pesos. Ahora, el letrero en el mostrador dice dos mil 200. Esos 700 pesos de más representan un alza de 46 por ciento. 

    El ingrediente principal, la harina, pasó de costar 12 mil pesos el saco (de 25 kilos) a 20 mil. Es decir, casi 67 por ciento. «Los otros productos han subido de la misma forma, y la cuenta de la luz también ha subido harto», asegura Olivares. 

    De hecho, la harina es el sexto producto que más aumentó de precio en 2022, con un alza de 51.1 por ciento, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas. El pan subió un 27 por ciento.

    Panadería El Rey / Foto: Silvio Albarrán.

    La diferencia entre la escalada del precio del pan y la de los ingredientes ha tenido que asumirla Richard Olivares. «Hemos logrado mantener la venta. El tema es que las ganancias son menores, y el costo de la vida sube», dice. El costo de la vida: la luz, el agua, la universidad de su hijo, el transporte al colegio de su hija…

    El pan —especialmente en el segundo o tercer país que más lo consume en el mundo— es un producto bastante «inelástico», es decir, los consumidores lo siguen adquiriendo sin importar que el precio suba.

    Esto, además de las inyecciones de liquidez vía las ayudas para la pandemia y los sucesivos retiros de fondos de pensiones, han permitido que El Rey todavía no pierda la cabeza. El problema es que esa liquidez está terminando, y ahora parece sobrevenir una recesión económica en el peor momento, cuando la inflación sigue alta: es decir, una «estanflación»

    ***

    Receta para el populismo:

    Caída económica

    Política fragmentada

    Alta inflación 

    Una realidad post-estallido social y postpandemia

    El secreto: mucha poesía política

    En 2022 volvió la inflación a Chile. Y, si bien se espera que sea menor este año, ello no significa que los precios caigan: según proyecciones del Banco Central (BC), promediará en 2023 un 6.6 por ciento, y según otros economistas, cerrará el año cerca del cinco por ciento. O sea, seguirá sobre la media de la última década y, especialmente, del rango meta fijado por el BC, entre dos y cuatro por ciento. En estos 12 meses se espera entrar en recesión: mayor desempleo y mayor pobreza. 

    Los vaticinios no hablan de una crisis económica, más bien, de que la economía chilena caerá hacia su «normalidad». Ha dejado atrás un crecimiento de 11.7 por ciento del Producto Interno Bruto en 2021, y ya en 2022 registró un 2.4 por ciento. Según las proyecciones del BC, el PIB nacional decrecerá este año entre -1.75 y -0.75 por ciento; en tanto, se prevé un repunte de entre dos y tres por ciento para 2024, un rango más cercano a los registros históricos.

    El problema es que volver a esa «normalidad» económica es complejo. Al mismo tiempo que se dejan atrás las ayudas para contener la pandemia, Chile vive también una realidad post-estallido social; es decir, la puerta a nuevas movilizaciones está abierta. 

    Varios problemas que llevaron a las movilizaciones siguen presentes. La desigualdad creció con la pandemia, mientras que el inmovilismo político —el cual ha impedido las reformas políticas y sociales reclamadas durante las protestas y plasmadas en parte en el fallido proyecto constitucional de 2022— se mantiene. Un inmovilismo que, por supuesto, ha ganado fuerza tras el triunfo del «Rechazo» al borrador de la nueva Carta Magna, en septiembre último.

    Sin embargo, que se repita el estallido no se antoja ahora un escenario probable. A nivel histórico, no resulta común que protestas de esa magnitud vuelvan a explotar en tan poco margen de tiempo. «Chile no fue el único. En 2019 hubo varios, como en Líbano, Hong Kong, Perú, Francia, Colombia. Si miras cuál ha sido el destino de los estallidos, en general no se han repetido», dice Emmanuelle Barozet, académica de la Universidad de Chile e investigadora del Centro de Estudios para el Conflicto y la Cohesión Social (COES). «La evidencia muestra que es difícil que en un lapso corto vuelvan a darse; incluso, [algo como] la revolución árabe [sic] no se ha repetido». 

    Y se suma otro elemento: con la recesión podrían faltar fuerzas. El estallido social no se dio estrictamente por una crisis de pobreza, de hecho, es una de las más bajas de Latinoamérica, sino que articuló exigencias de reformas sociales que tenían su denominador común en la desigualdad. Ahora, sin embargo, con la inflación y la recesión, estas peticiones pueden quedar en segundo plano. «Volvió el miedo a perder el empleo, y a eso se suma la inflación; no son momentos en que la gente pide estas demandas», dice Barozet.

    De ahí que el diagnóstico se incline hacia otro camino. Una alta inflación y una recesión económica son levadura para el populismo. «Las caídas económicas son terreno fértil para medidas populistas», dice Marco Moreno, director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Central. «Proponen soluciones simples, para problemas complejos».

    Y el populismo ya ha invadido el ambiente político chileno. Llegó con una «solución fácil» para un problema complejo: para entregar ayudas económicas durante la pandemia, se permitió el retiro del diez por ciento de los ahorros de pensiones. 

    El sistema de pensiones —y, en especial, las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP)— está deslegitimado: impuesto en dictadura (1973-1990), se basa en ahorros personales y no ha entregado las pensiones que prometió. Por ello, diputados independientes aprovecharon el inmovilismo del presidente de centro derecha Sebastián Piñera, quien demoró en entregar ayudas en la pandemia, para proponer una reforma constitucional que permitiera el retiro del diez por ciento de esos ahorros. 

    El primer retiro pudo estar justificado por la falta de ayudas estatales. El segundo y tercero, no: el gobierno ya estaba implementando su plan de ayudas y la liquidez del primer expendio había impulsado la economía chilena. 

    Pamela Jiles, diputada independiente, se convirtió en la principal cara de tales retiros. A Jiles la llaman «la abuela», y ella llama a sus seguidores mis «nietitos». Tras la aprobación del primer retiro, corrió con una capa —a la manera de Naruto, el personaje de animé— en medio de la sala del Congreso. Pero no fue la única que impulsó esa medida populista: tras el estallido —en plena crisis de legitimidad de los partidos tradicionales— se sumaron parlamentarios de casi todos los sectores; algunos de ellos motivados por las elecciones de noviembre de 2021. 

    Los tres retiros de los fondos de pensiones significaron una inyección de liquidez de alrededor de 50 mil millones de dólares en la economía chilena. Y, según una presentación ante el Congreso del ministro de Hacienda, Mario Marcel, entonces presidente del BC, esa medida fue responsable del 30 por ciento del alza en la inflación en 2021. Un impacto que se extendió a 2022 y que se ha unido a fenómenos globales como la guerra en Ucrania. «Hay una inflación auto generada. Chile no tuvo una buena forma de enfrentar la pandemia; la crisis la pagaron los chilenos con sus bolsillos», dice Barozet. Ya con la inflación muy elevada, y sin elecciones de por medio, un cuarto retiro fue rechazado en diciembre de 2021. 

    Las consecuencias del alza de precios, sin embargo, ya estaban ahí. «La gente perdió capacidad de compra y la clase media se acercó a la pobreza, si es que no han caído ya», asegura Barozet. Y, cuando se avizora una recesión, suele reaparecer la poesía política. Ya está ganando fuerza en el Congreso la idea de nuevos retiros de los ahorros de pensiones. 

    Ahora, el presidente Gabriel Boric, el primero de izquierda desde Salvador Allende, y quien tenía solo unos seis años la última vez que Chile vivió una inflación tan alta, deberá atajar estas iniciativas de la mano del ministro de Hacienda, Mario Marcel —quien, por cierto, no solo es expresidente del BC, sino también un viejo integrante de la coalición de centro izquierda que gobernó el país gran parte de los últimos 30 años. Pero el nuevo gobierno ahora mismo —con una desaprobación del 70 por ciento, según algunas encuestas— no tiene mucha fuerza. Sobre todo, debido a una alta fragmentación política que complica alcanzar acuerdos: si en 1990 había seis partidos, hoy son 15, más los diputados independientes.

    Con el rechazo del cuarto retiro, por la misma legislación, los parlamentarios no podían ingresar un nuevo proyecto de este tipo en un año. En abril, cuando la economía esté en el piso y los precios todavía altos, se cumple ese periodo. Ahí los diputados podrán impulsar un nuevo retiro y reiniciar un ciclo que podría disparar, de nuevo, la inflación. 

    ***

    Panadería El Rey / Foto: Silvio Albarrán.

    En El Rey, Richard Olivares dice simplemente que hay días «buenos y malos». Y, sea bueno o malo, cada día toma la harina y la mezcla con la manteca y la levadura. Todos los días amasa con sus manos. Los sábados, eso sí, no abre El Rey. «Es el día más malo», explica. «Pero descansamos entre comillas, porque hacemos pedidos especiales; por ejemplo, si tienen un cumpleaños, mandan a hacer pan de canapés o pan de completo». 

    Su hijo se despega del partido y afirma que su pan es reconocido porque dura más. «Dura dos o tres días. El pan del supermercado solo un día, y al siguiente está duro», dice. «La marraqueta de supermercado no aguanta nada y es super pesada, con un kilo te salen como ocho panes». 

    Richard Olivares se acoda con esfuerzo sobre el mostrador y dice que su pan es más liviano. «Hay que ir jugando con los gramajes», revela. Pero asegura que no hay secretos en la receta, y como podría decir algún chef con estrellas Michelín de esos que salen en Netflix: «Hay que usar productos de buena calidá nomah… No te voy a decir de gran calidá, pero productos buenos. Si ocupas grasa, no ocupí grasa que tiene agua; porque hay grasas que tienen porcentajes de agua, hay otras más puras. Entonces hay que ocupar esas», dice, y apunta: «La harina de molinos reconocidos poh; por ejemplo, la molinera de El Rey de Melipilla y, de acá de San José, la de Pamo». 

    Todavía con los codos sobre el mostrador, añade: «No te voy a decir yo que el secreto es que hay que hacerlo con amor. Eso es pura poesía, y no sirve».

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