Sobre la victoria del «rechazo» en Chile 

    En menos de 180 páginas, la Convención Constitucional de Chile redactó 12 capítulos, 388 artículos y 57 disposiciones transitorias. Un libro morado con la bandera nacional representada en círculos. Muchos, alrededor del mundo, lo señalaron como un texto de vanguardia que ofrecía más derechos civiles que cualquier otra Carta Magna. ¿Qué pasó? Durante su redacción hubo escándalos mediáticos protagonizados por constituyentes, lo que desvió la atención de sus adherentes del resultado final, mientras que los opositores —a menudo mediante fake news e interpretaciones vagas de los artículos propuestos— supieron ganar cada vez más adeptos hasta, finalmente, arrasar en las urnas. El 61.86 por ciento de los votantes optaron por el «rechazo» frente al 38.14 por ciento que lo hizo por el «apruebo» de un texto constitucional que, según sus valedores, haría de Chile un país verdaderamente moderno, ecologista y paritario. Unos días después quedan solo ilusiones y algunas voluntades políticas —incluidos los estudiantes que han vuelto a tomar las calles— para, quizá, empezar todo el proceso de nuevo.

    Elisa Loncon, una mujer profesional y mapuche, preside la primera Convención ConstitucionalChile y el mundo celebran el momento, pero poco después se ve desvirtuado por el caso de Rodrigo Rojas Vade, el constituyente que mintió sobre su enfermedad terminal. Esto marcaría la pauta de los medios tradicionales chilenos sobre los 155 «convencionales» elegidos popularmente. 

    El affaire Vade fue probablemente el único escándalo cierto. Siguieron muchas especulaciones: el cambio de himno y de símbolos patrios, una plurinacionalidad según la cual los pueblos originarios tendrían más derechos que el resto de ciudadanos chilenos, la pérdida de la propiedad privada, entre otras fake news que se difundieron en redes sociales y que no se controlaron a tiempo.

    El «rechazo» invirtió en campaña más del doble que el «apruebo»: 800 mil millones y 300 mil millones de pesos chilenos, respectivamente. Los cierres de ambas opciones fueron contrastantes. Mientras el «rechazo» reunió solo un centenar de personas en la cima de un cerro en Santiago, el «apruebo» convocó a 500 mil personas en la Alameda: la postal fue parecida al triunfo de Gabriel Boric hace unos meses.

    —¿Quién va ganando? —pregunta Lorena Huerta, de 28 años, a sus amigas. Están en un departamento en Ñuñoa, una de las ocho comunas a lo largo de todo el país en donde, de hecho, gana el «apruebo». Son 364 donde lo hace el «rechazo». Nadie contesta. Ellas votaron a favor de la propuesta constitucional. 

    Por la diferencia horaria, las mesas en la región de Magallanes cierran antes. En Santiago son las cinco de la tarde, una hora menos. El «rechazo» marca una sobrada tendencia que inquieta a Lorena y sus amigas. Todo lo que han visto de esa opción, reflexionan, son representantes de la extrema derecha «divulgando noticias falsas que deben salir a aclarar cada semana».

    Esperando los resultados del plebiscito; 4 de septiembre de 2022, Chile. / Foto: Cortesía de la autora
    Esperando los resultados del plebiscito; 4 de septiembre de 2022, Chile. / Foto: Cortesía de la autora

    —Es la ciudad donde vota el presidente —esboza una de las amigas frente a la pantalla. En la prensa nadie se atreve a interpretar los primeros conteos de votos. Insisten en que es muy poco representativo, aunque en todas las mesas que están trasmitiendo en vivo, el «rechazo» va ganando por amplio margen. El silencio entre las amigas persiste hasta que se escuchan los primeros bocinazos y se comienzan a ver caravanas de autos con banderas chilenas. 

    «Es una diferencia irremontable», explica ahora el conductor de televisión frente a ellas. Se impone el 62 por ciento sobre un 37 por ciento, aproximadamente. Chile eligió rechazar la propuesta de nueva Constitución. Por tanto, se mantiene la redactada en 1980, cuando Augusto Pinochet estaba al mando como dictador.

    «Vengan a pasar las penas acá». Lorena recibe un mensaje y sale con sus amigas rumbo a Providencia, la comuna donde está la plaza Dignidad, lugar icónico donde todo empezó dos años atrás. A pesar de eso, tienen allí una alcaldesa de derecha, y el «rechazo» acaba de ganar.

    En la plaza hay un centenar de personas congregadas. Se escuchan sonidos parecidos a un caceroleo; se ven algunas banderas del «apruebo». Pero a diferencia de otras concentraciones, el silencio y la desolación marca el tono. Se huele una ligera decadencia.

    Lorena y sus amigas caminan a un par de cuadras. Se encuentran con celebraciones del «rechazo». Hay gente cantando el himno nacional con micrófono y parlante. Son parte de los siete millones de personas que marcaron «rechazo» en sus boletas, mientras que Lorena sus amigas y Ñuñoa, son parte de los cuatro millones del apruebo, el triunfo se vive en casi todo Chile.

    Los números empiezan a calzar. En las últimas elecciones presidenciales Gabriel Boric ganó con cuatro millones 620 mil 671 votos; su opositor de ultraderecha, José Antonio Kast, obtuvo tres millones 649 mil 647. Entonces, cerca de seis millones y medio de ciudadanos no asistieron a las urnas. De esta última cifra, y gracias a la obligatoriedad de sufragar en este «plebiscito de salida», emergieron los votos que darían el triunfo al «rechazo». Personas que se mantuvieron al margen de las elecciones durante los últimos años, mientras Chile buscaba redefinirse. 

    —Ganó la democracia —grita una mujer a unos metros del cruce entre Providencia y Ñuñoa. Hay un puente peatonal que al poco andar se llena de personas que celebran. Cuelgan un lienzo gigante que dice «Chile Rechaza», y la postal empieza a circular por medios de prensa y redes sociales. Llega una señora rubia, de pelo corto; en sus manos trae un cuadro dorado con la foto de Pinochet. La levanta con orgullo. La gente aclama. Quien anima el encuentro, que al parecer no era tan espontáneo, la abraza. La imagen supera los 30 mil likes en Instagram.

    Alguien eleva un retrato del dictador Augusto Pinochet durante los festejos por el «rechazo» a nueva Constitución en Chile; 4 de septiembre de 2022. / Foto: Tomada de Instagram
    Alguien eleva un retrato del dictador Augusto Pinochet durante los festejos por el «rechazo» a nueva Constitución en Chile; 4 de septiembre de 2022. / Foto: Tomada de Instagram

    Andrea Bosker, 50 años, estaba viendo los resultados junto a su perrita en un departamento cerca de Escuela Militar, en Las Condes. De pronto escuchó a sus vecinos aplaudir, gritar «Viva Chile» y cantar el himno nacional. «Saqué la bandera que tenía en mi balcón y me subí al auto; ahí salí por mi calle a tocar la bocina». A un par de cuadras estaban sus tres hijos; también con banderas y guirnaldas tricolores. Para Andrea Bosker la celebración era alegría y, sobre todo, alivio. Para sus hijos, más que eso: «Queremos cambios, pero no los que proponía la Convención», aseguran, y precisan que están en desacuerdo con la plurinacionalidad, el aborto, los sistemas de educación y de salud que proponía el texto constitucional. «En realidad, Chile no es un país rico y estamos muy lejos de serlo, y mucho de lo que proponían era insostenible», opinan desde una de las comunas con más alto ingreso per cápita del país, donde mayoritariamente también se votó «rechazo», hace un año, en el «plebiscito de entrada»

    Los bocinazos de los autos al pasar recuerdan lo que se vive cuando gana la selección. Nada es lo que se cree que sería. A pesar de que Cadem, una de las encuestadoras más conocidas en el país, pronosticara el triunfo del «rechazo» con un 46 por ciento sobre un 37 por ciento. Quizás desde el lado del «apruebo» —y también dada la expectación internacional— no quisieron verlo. La polarización no era real. Semanas antes del plebiscito ya se marcaban diez puntos de diferencia, lo que finalmente se triplicó en los sufragios más representativos de la historia chilena, con más de 13 millones de votantes.

    Lorena y sus amigas caminan en silencio entre las concentraciones con tintes patrios. No logran entender cómo fue que esto pasó. Toman una micro hasta la Plaza, pero el vehículo cambia su recorrido habitual debido a la celebración del «rechazo». Las cosas siguen tomando un giro desconocido.

    ***

    En los respectivos comandos, los ganadores ofrecen declaraciones. El excandidato presidencial José Antonio Kast habla sobre el triunfo de «la moderación», y acusa la propuesta constitucional de ser profundamente ideológica y de izquierda. Rostros que al parecer fueron castigados tras la revuelta popular de octubre en 2019, ahora sonríen gracias al aire revitalizante de un triunfo electoral arrollador. La escena guarda similitudes con la primera vuelta presidencial de diciembre de 2020, cuando el postulante de ultraderecha resultó el más aventajado en las urnas y la mayoría parlamentaria electa entonces representaba al mismo sector o partidos afines.

    Desde el «apruebo» no hay reacciones; los representantes de esa opción demoran en llegar al punto de prensa que han preparado. No hay nadie sobre el escenario donde se celebraría la victoria, tal como ocurrió en el cierre de campaña. Pero nada pasa. Se filtra que el presidente Gabriel Boric ha citado a los jefes de partidos oficialistas para una reunión al día siguiente. Aún no sale a reconocer el triunfo del «rechazo». Nadie lo hace.

    Se dice que desde las seis de la tarde sabían en el Palacio de La Moneda que no habría celebraciones por el advenimiento de nueva Constitución en Chile. Retiraron los parlantes emplazados junto al balcón presidencial. La escena épica del joven presidente celebrando el arribo de Chile a la vanguardia política mundial, no sería más que una postal imaginaria. 

    «Hasta el presidente sabía que iban a perder», le escriben a una de las amigas que van en la micro. Es su mamá y votó «rechazo». De alguna forma se lo enrostra, sin mala fe. Ella tampoco está celebrando en las calles. No todo el «rechazo» salió celebrar. 

    Helena Riera, 33 años, es de Venezuela y vota desde hace un año en Chile. Esta vez lo hizo en contra de la propuesta: «Me pareció un texto muy tendencioso; a pesar de llamarse plural, no me lo pareció», dice. Puntualmente, el artículo que gatilló su decisión es el que habla de las personas privadas de libertad: «Ese subtexto de que el victimario tendría más valía que la víctima me pareció peligroso. No me gusta ese poder para alguien que cometió un delito. Sé bien cómo termina la cárcel cuando los presos tienen tanta libertad», dice. 

    Tras leer el proyecto vio en televisión abierta a la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, conocida por ser una mujer de derechas, dura, pero abierta al diálogo.

    —Nunca pensé coincidir con ella —confiesa ahora Helena Riera—. De haber podido votar en el plebiscito de entrada habría marcado el «apruebo» como opción. Así como lo hice por Boric en las presidenciales.

    Esta noche Helena no sale a celebrar porque «no hay un cambio real». Aun así, se siente esperanzada con el proceso que viene.

    Cerca de las nueve de la noche, el presidente Boric se dirige a la ciudadanía. Se trata del primer revés fuerte que sufre su gobierno desde que asumió el cargo el 11 de marzo de este año. Da un discurso tranquilizador y se compromete a seguir con el proceso constituyente: «avanzando hacia una nueva propuesta», dice. 

    Aprovecha también para anunciar el primer cambio en su gabinete de ministros. Se interpreta como una señal de responsabilidad tras los resultados en el plebiscito de este 4 de septiembre. Pero hay otros escollos que resolver. Según el artículo 142 de la actual Carta Magna chilena, el proceso que se inició con el Acuerdo por la Paz, en noviembre del 2019, se acababa con el «rechazo» en esta consulta vinculante de salida. Será transitar necesario un nuevo itinerario para las fuerzas políticas y la sociedad civil a fin de edificar nuevos consensos. 

    La noche termina con más bocinazos en calles de todo el país, mientras que las redes sociales de los electores del «apruebo» se llenan de memes tristes. Medios internacionales publican que Chile ha decidido mantener la Constitución de Pinochet. El libro morado propuesto a la ciudadanía quedará, en cierto modo, como memorabilia de un momento anecdótico en la historia política nacional.

    Celebración en las calles del «rechazo» a una nueva Constitución en Chile; 4 de septiembre de 2022. / Foto: Cortesía de la autora
    Celebración en las calles del «rechazo» a una nueva Constitución en Chile; 4 de septiembre de 2022. / Foto: Cortesía de la autora

    Al día siguiente, la prensa se llena de comentarios políticos y, discretamente, transcurren las reuniones de Gabriel Boric y su comité político. No hay una nueva Constitución en Chile, y el camino hacia otra propuesta debería comenzar definirse esta misma semana. Representantes de la extrema derecha, como el senador republicano Rojo Edwards, quien desde el principio estuvo en contra de otra Carta Magna, se pasean por los canales de la televisión abierta diciendo que no asistirán a los encuentros de los próximos días. La noche anterior, Edwards aseguraba que el resultado del plebiscito significa el fin del gobierno de Boric. Poco después, renunciará a la presidencia del Partido Republicano en vistas de un nuevo proceso constituyente.

    ***

    «La gran falla fue no tener la posibilidad de saber qué era lo que querían muchos chilenos que quizás no habían participado antes», afirma Diana Aurenque, doctora en Filosofía, quien integró el Comité de Ética de la Convención Constituyente. Es una de las primeras voces que intenta analizar los resultados.

    «La Convención no tuvo una campaña de socialización en sus inicios durante el gobierno de Sebastián Piñera. Fue recién con el presidente Boric que eso empezó a suceder. Y la oposición, precisamente Kast, lo atacó por intervencionismo, cuando eso debió suceder desde el mandato anterior», explica la experta. «Es importante reconocer los esfuerzos institucionales que se hicieron —o no— para dar a conocer el texto, y no caer en acusaciones injustas con el trabajo de la Convención, que hizo lo mejor que pudo».

    Durante los últimos meses el libro morado estuvo en el ranking de los más vendidos en el país. Editoriales e imprentas lo vendieron a precio de costo, y desde el gobierno se distribuyeron copias gratis. En todo caso, el punto que hace notar Aurenque corresponde a los inicios de la Convención, cuando la socialización del trabajo de los 155 constituyentes «era misión del gobierno de entonces, y eso no existió». Por otro lado, la doctora en Filosofía realiza una suerte de mea culpa sobre lo que ha llamado «el maximalismo progresista de la propuesta». En su opinión, ahí radicó su mayor «error estratégico».

    En el texto la plurinacionalidad era uno de los elementos más atractivos para los pueblos originarios; aun así, el «apruebo» perdió en todas las comunas y regiones en donde estos son mayoría. Lo mismo pasó en las llamadas «zonas de sacrificio medioambiental», como Petorca o Quinteros, lugares con altos índices de contaminación o falta de acceso al agua. Ahí, el proyecto que ofrecía una  visión ecológica también perdió en las urnas. 

    Ignacio Villalobos, alcalde de Petorca, donde el «rechazo» ganó con un 56 por ciento de los sufragios, lo lamenta profundamente: «Más allá de que la gente haya votado por miedo o ignorancia, seguimos existiendo».

    La situación se repite con votantes hasta ahora excluidos, por ejemplo, las personas privadas de libertad, quienes participaron en cabildos ciudadanos durante el proceso constituyente en organizaciones como la Red de Acción Carcelaria y Lesasur.

    En la cárcel de la comuna de San Joaquín, una mujer puede votar por primera vez y hasta le escribe una carta al presidente dándole las gracias. Es un hecho histórico que a los presos se les asegure el derecho a sufragar. Sin embargo, el «rechazo» se impuso en 13 de los 14 recintos penitenciarios donde se pudo votar este 4 de septiembre.

    Carta enviada por una reclusa al presidente de Chile / Foto: Cortesía de la autora
    Carta enviada por una reclusa al presidente de Chile / Foto: Cortesía de la autora

    Juan Vallejos tiene 32 años y es un periodista con más de 300 mil seguidores en redes sociales, donde hace videos explicativos y entrevista a políticos en campaña o en ejercicio. Hasta 39 constituyentes «de todos los sectores» pasaron por sus lives. Él es bastante categórico sobre lo que sucedió: «Hubo un problema de forma y fondo en la Convención Constitucional. La forma la vimos en todo su esplendor en los primeros meses», dice en referencia al caso de Rojas Vade, y agrega: «Se dieron muchos gustitos, como la plurinacionalidad, que nadie pidió». O bien: «…escribir “disidencias sexuales” en el texto. Bastaba con “diversidad sexual”. Soy gay… y la disidencia es una actitud política. Lo mismo pasa con el aborto: bastaba con poner con que las personas tendrían derecho sobre el cuerpo, y, ojo, que yo defiendo el aborto libre». Nunca los vio, a los constituyentes, ser autocríticos: «Siempre se justificaban con que lo importante era el texto, y en eso descuidaron la forma», dice Vallejos.

    En el plebiscito de entrada, que dio inicio a todo este proceso, el «apruebo» ganó por un amplio margen (79 por ciento de los votos). La proeza consistía en llegar a un nuevo pacto social y, de paso, extinguir la Constitución de la dictadura. En la misma papeleta se precisaba a través de qué mecanismo se redactaría. Convención mixta, integrada por parlamentarios y convencionales electos, o Convención Constitucional. La fecha de término estaba pautada, y el desenlace ya lo conocemos. 

    El 4 de septiembre ha sido un día histórico desde 1952, cuando las mujeres pudieron votar por primera vez en Chile. Después, en 1970, fue la jornada en que resultó electo Salvador Allende. El simbolismo era enorme. Sin embargo, las urnas decidieron que esta solo sería la elección más concurrida de la historia nacional, y que el «rechazo» a una nueva Constitución ganaría por paliza a lo largo del país. 

    Un día después, lunes 5, mientras está en marcha la cuenta regresiva hacia la efeméride del Golpe de Estado (11 de septiembre de 1973), el presidente Gabriel Boric está a punto de informar cambios radicales en su gabinete. Frente al Palacio de La Moneda hay una marcha estudiantil, y el anuncio se retrasa… La oposición acusa de improvisación al Ejecutivo; insiste en sus amenazas de no colaborar en un nuevo proceso constituyente.

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    1 COMENTARIO

    1. La Constitución de cualquier nación en nuestros días además de ser exquisitamente cuidadosa en la forma y en su contenido deberá no olvidar jamás para quienes se redacta que es la razón mayor de su existencia sin lugar a dudas, para salvaguardar a toda su ciudadanía de los excesos, descontroles y abusos del poder del Estado.

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