El jueves último, cuando se cumplían seis días de iniciado el fuego en la Base de Supertanqueros ubicada en la Bahía de Matanzas, las autoridades cubanas pudieron confirmar que las llamas habían sido totalmente sofocadas. Para entonces dicha labor había costado, al menos, la muerte de dos personas, cientos de lesionados y 14 bomberos «desaparecidos». Asimismo, fue necesario solicitar ayuda internacional, pues los profesionales y los recursos del país se vieron superados por el que probablemente sea el mayor incendio de la historia de Cuba.

Tras la extinción de las llamas quedan numerosas interrogantes, por lo que El Estornudo conversó con el ingeniero en Hidráulica Alejandro Alomá Barceló, quien realizó varias investigaciones sobre protección contra incendios en la industria petrolera cubana —incluida la Base de Supertanqueros de Matanzas. Actualmente, trabaja en el mismo campo en Estados Unidos, luego de obtener el National Institute for Certification in Engineering Technologies (NICET) en sistemas de seguridad contra incendios.

Al señalársele lo poco habitual que resulta que una instalación de este tipo arda por el impacto de un rayo, Alomá sostuvo: «Evidentemente hubo un primer fallo ahí»; aunque aseguró que esos tanques «contaban con su sistema de pararrayos aprobado por la Agencia de Protección Contra Incendios [de Cuba] (APCI)».

Si bien los estudios de Alomá señalan que los depósitos de petróleo en la base matancera cumplían con protocolos internacionales para evitar siniestros como el ocurrido a partir del pasado 5 de agosto, el ingeniero cubano juzgó que el hecho de que el fuego no se haya podido controlar y se haya expandido hacia otros tanques se debe a «una combinación de hechos».

«En este tipo de eventos las primeras horas son decisivas, sobre todo las primeras tres», explicó Alomá, quien a continuación enumeró varios factores esenciales que, de un modo u otro, fueron determinantes en la ocurrencia y en la magnitud del siniestro: «los sistemas de protección contra incendio deben estar en óptimo estado, y todo el equipamiento debe trabajar según su diseño»; «recursos como la espuma AFFF deben estar almacenados en el área y en las cantidades que están especificadas en el proyecto», y «los protocolos que se siguen para cada evento deben ser bien conocidos por el personal, ya que la mitigación de estos incendios es muy técnica, y hay protocolos bien establecidos para cada evento».

Solo el hecho de que uno de estos factores haya fallado es suficiente para que se dificulte considerablemente el control del fuego en una instalación como la Base de Supertanqueros.

Sobre la opinión de Alexandr Gofstein, exjefe del Centro ruso de Preparación de Rescatistas, quien comentó a Sputnik que «el hecho de que el fuego se haya propagado de un reservorio a otros demuestra que había defectos en la estructura misma de la base de petróleo, lo cual llevó a un desastre de tamaña proporción», el ingeniero Alomá dijo no saber en qué información se basa el especialista ruso, pues «los tanques contaban con todos los sistemas para protegerlos».

Una de las principales polémicas en los días del incendio versó en torno al ofrecimiento de ayuda por parte del gobierno de Estados Unidos. Sobre la importancia que habría tenido que se concretara, Alomá señaló que el país norteamericano «posee gran experiencia en este tipo de eventos», aunque desconocía «en qué punto específicamente se produjo la colaboración, y en qué otros no».

No obstante, consideró que «una ayuda de Estados Unidos, por una cuestión de timing, era poco probable que cambiara el resultado», pues, sostuvo, «un evento así debe ser controlado en las primeras horas o es muy probable que se salga de control, como vimos».

El ingeniero cubano Alejandro Alomá Barceló consideró igualmente, acerca de la posibilidad de que se repita un siniestro semejante, que hay «muchas instalaciones en Cuba que deben revisar sus protocolos y sus sistemas de seguridad». Solo en los últimos meses, advirtió, «hemos visto dos grandes accidentes relacionados con almacenamiento de combustibles: el de la Base de Supertanqueros y el del hotel Saratoga».

«Una investigación sobre estos hechos y una revisión de los sistemas y protocolos se hace muy necesaria. D este tipo de hechos lo único que se puede sacar es la experiencia para que no vuelvan a ocurrir; es por eso que los resultados de estas investigaciones deben ser totalmente públicos y transparentes», subrayó el experto.

Finalmente, sobre las evidentes dificultades para controlar este incendio de grandes proporciones por parte de los bomberos y especialistas cubanos, quienes contaron con la asistencia de decenas de técnicos y asesores provenientes de México y Venezuela, Alomá —desde luego, sin información exacta de lo sucedido sobre el terreno— opinó: «Creo que [los mandos] deciden proteger al personal porque la situación ya era irreversible para esos depósitos; por lo tanto, para qué arriesgar la vida de ellos en apagar algo que ya no podía ser salvado».

Por supuesto, el saldo luctuoso ya estaba ahí: oficialmente, dos fallecidos (además de 132 lesionados), mientras se trabaja en la búsqueda e identificación de 14 desaparecidos, entre ellos, según informes de familiares y conocidos en redes sociales, varios reclutas muy jóvenes y sin experiencia que cumplían el periodo obligatorio de servicio militar y que fueron enviados a la zona más crítica durante la segunda jornada de este incendio sin precedentes acontecido en la Base de Supertanqueros de Matanzas.

Las importantes pérdidas materiales en un país sumido en una grave crisis energética y, sobre todo, el impacto medioambiental del fuego todavía no ha sido, siquiera, estimado razonablemente por las autoridades cubanas.

1 Comentario

  1. ¡Como saben los cibercombatientes!

    Rafael Emilio Cervantes Martínez tiene la llave para resolver los problemas de….Ecuador

    «No cabe otra alternativa que ir hasta sus causas más profundas y transformarlas.»

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