La causa de la independencia fue cínicamente corrompida por el rampante oportunismo de quienes la esgrimieron, y aún lo hacen, repetidamente, para justificar su permanencia en el poder y la falta de libertades públicas. La independencia se convirtió en el discurso político cubano en un fin en sí misma, en una cuestión de orgullo nacional, un principio existencial, una obsesión, y no, como obviamente debería ser, un instrumento, la condición inicial que les permitiría a los cubanos, sin interferencia o imposiciones de otro país, conseguir una vida mejor.
San Rafael es el mismo caserío de la época del asesino, una aldea rala en torno a un paradero de trenes abandonado. Rodrigo se presenta como un pueblo de ángulos exactos, en una carretera poco frecuentada. Entre Rodrigo y San Rafael, por un camino extraviado, está Las Nieves, el legítimo feudo de Simón Cepero, el barón sangriento de estos campos.
Para aguantar el aire contaminado, el foso del hambre, los mosquitos en la noche y el calor impenitente, Luz María, Chen y cualquiera que pasara por allí tenía que anestesiarse con alcohol.