En medio de esta desolación absurda, se recuerda la noche habanera de aquellos años con una nostalgia innegable. El panorama cultural de aquel entonces, como muchas otras aristas, era alentador. La vida nocturna se abría como un colorido abanico, imparable.
Un taxista es una persona con un oído muy fino. Es un repositorio de las historias de la ciudad y sus gentes. Un taxista de los nuestros, de los que nos llevan y traen, siempre tiene algo que contarte o preguntarte.