El 21 de enero de enero de 2020, Mónica salió rumbo a Moscú. La madre y su padrastro fueron a despedirla al aeropuerto. Lloraron, se abrazaron, se tomaron muchas fotos. En una de esas fotos, Diana posa junto a su hija. Ella, la hija, llevaba unos pantalones ajustados, el cabello corto y crespo, una chaqueta de tela sintética que simulaba cuero, rematada con un cuello que simulaba pelo de zorro. Excepto por el volumen de sus senos, oprimidos por una faja bajo la ropa, Mónica se fue de Cuba simulando ser un hombre.
En Barrio Gótico de Barcelona, un cubano recién llegado observa las fachadas y observa, quizá, el laberinto de sí mismo como si fuera otro. Una crónica filtrada por la mirada inquietantemente cinematográfica de su autor.