«El principio de observar y centrar la atención en la apariencia, […] entender la forma como lo devenido, como resultado de un proceso», señala Daniela Estrada en el statement artístico de esta serie on progress y aún sin título.
En medio de esta desolación absurda, se recuerda la noche habanera de aquellos años con una nostalgia innegable. El panorama cultural de aquel entonces, como muchas otras aristas, era alentador. La vida nocturna se abría como un colorido abanico, imparable.
Muchos opinaban que en Cuba daba lo mismo lo que fueras, te iban a reprimir igual, aunque, parafraseando el mantra orwelliano, podíamos decir que en el comunismo todos éramos iguales, pero los negros eran menos iguales que los demás.
Los lugares en que otros vivieron, y se conservan tal cual para el público, terminan volviéndose máquinas del tiempo. Formas de volver sobre el pasado. Me pregunto desde cuál de estas ventanas a Hemingway le gustaría ver La Habana, o si acaso no era de ese tipo de gente, de la gente que mira por las ventanas…
«Si en verdad fuéramos culpables, lo asumiríamos. ¿Quién puede dormir tranquilo con la muerte de tres niñas en la conciencia? Pero somos inocentes. Al principio, teníamos fe en que iba a saberse nuestra verdad. Pensamos que no iba a pasar nada, que era un malentendido.»