“Este es el mejor béisbol del mundo y hay un cubano por cada lado, estamos orgullosos de verlos ahí”, dice Yandry, uno de los hijos de Rodolfo, mientras acomoda encima de una mesa de madera el televisor LCD de su casa.
Quitar los muebles de una casa es como descarnarla, queda un agujero de significados. Debajo de la insensibilidad de los muebles, el arraigo es poderoso y no se supera de pronto.
Si algo dejan los ciclones, luego de los días, es una normalidad que asusta. Como que sea normal, por ejemplo, que a alguien se le caiga un día la casa.
La decisión de Kempinski o de sus socios cubanos de remover definitivamente la estatua de Mella ha ofendido a quienes notan en esa acción falta de cuidado por los monumentos históricos del país e insuficiente respeto a Mella. Quién hubiera dicho, viendo cómo Cuba está, que Mella inspiraba todavía tanta devoción.
Lo que parece claro en Venezuela es que la gente no es tonta, que no se puede hacer política sin pensar en lo que la gente quiere. Quiero pensar que hay que tener paciencia. Si esta fuera una serie de televisión, es como si hora estuviera comenzando una nueva temporada.