La dirección de la universidad había ordenado a la FEU (que en teoría era independiente) que “espontáneamente” se encargara de la hercúlea tarea de adecentar la cola del comedor. Para ello, los “líderes” juveniles organizaban unos horarios que ponían, por ejemplo, que el martes tocaba cuidar la cola a la Facultad de Ingeniería Eléctrica, el miércoles a Mecánica, etc.
Cómo fuimos tan felices entonces, no lo sé. Pero a lo que iba. El centro de La Vana estaba en la beca. Para el que no dormía allí, la beca tenía el atractivo de una moderna Babilonia.
Ser opositor en Cuba significa soportar la censura, la criminalización y los incontables procesos represivos del régimen. Ser opositor y de izquierdas en Cuba se traduce en invisibilización, moralización, abandono y desprecio por parte de la otra oposición, más visible, mayoritaria, que se reconoce de derechas. En un terreno de exclusiones, donde la posverdad y el sensacionalismo determinan los rumbos hacia el futuro, para alguien como yo no queda más que vivir expuesto a un fuego cruzado.
El consenso entre los referentes del periodismo de reputación es sólido: una fuente confidencial no convierte un rumor en información publicable. Un medio solvente no disemina un rumor citando como única fuente a otro medio que lo difundió primero.