Ciudad heterogénea es una serie sin fin, dice Manuel Almenares, un fotógrafo prendado de La Habana y sus habitantes. Mientras realiza otros proyectos artísticos que luego abandonará puntualmente, Almenares no cesa, sin embargo, de fotografiar su circunstancia más inmediata: el suceso, el gesto, la forma, la luz y la sombra que saltan ante su vista cuando transita alguna calle «bulliciosa y parlera».
Los días en Centro Habana o La Habana Vieja son también una jungla estética, y el fotógrafo es un hombre armado y peligroso.

La ciudad que pronto cumplirá 500 años está intensamente viva en estas imágenes. Almenares viene a decirnos quizá que toda decadencia, si se escora un tanto el ángulo con que observamos, puede ser un momento de exaltación vital. Entre las ruinas y la pobreza, están la fiesta, el candor, «la lucha», el futuro.

Almenares no sistematiza. Arrumba y yuxtapone imágenes que van de la denuncia social a la estampa cotidiana, de la tradición al «reparto», del apunte sobre la luz tropical al rejuego grácil con líneas y planos diversos.
Una y otra vez aparecen aquí unos niños que nos miran, fijamente, con «una terrible belleza» —diría el poeta—, y esas miradas bellas y terribles son tal vez el fondo o la cifra común de la Ciudad heterogénea.
(Fotografías autorizadas por Manuel Almenares).













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