Los compañeros que atienden a los artivistas incómodos están fermentados en materia de seducir, manipular, encubrir. No siempre los golpes enseñan ni provocan terror masivo.
Fidel lleva dos años muerto, y por hábito, por pereza, por ignorancia, por agria terquedad, o por oportunismo, muchos cubanos siguen hablando de la “Revolución” como si todavía fuera 1968.
David Carr fue muchas cosas, pero más que cualquier otra, nadie lo duda, fue un guerrero. Además de luchar contra su adicción, enfrentó a los dictadores de la industria mediática, encaró a los magnates del negocio editorial, destruyó a los impostores de la nueva era y, en la recta final, le plantó cara al cáncer.
A pesar de aquel desplazamiento vital, la escritura de Gastón Baquero siguió una ascensión circular que lega una de las miradas más abarcadoras al cruce de letras en el Atlántico del siglo XX.
La pelota cubana no se ha quedado atrás. Al contrario, nuestro pasatiempo nacional marcha hacia adelante. Su brújula marca rumbo norte, bajo las inclemencias del tiempo y el espacio que se interpongan en el camino trazado.
Los delegados del congreso de la UPEC insistieron en que no quieren copiar lo que llamaron “el modelo de prensa capitalista”, y prometieron que el de Cuba sería especial, diferente, mejor que el de todos los demás países, incluso el de Noruega.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.