Julio es una especie de quarterback del arte cubano. Algunos juzgan como dispersión su brillante capacidad creativa, lo cual se debe a que gran parte de su trabajo les resulta intelectualmente desafiante e incomprensible.
Hay momentos donde un artista necesita obviar las mediaciones hegemónicas, esa fantasmagoría que lo abriga para mitigar el latido de sus inconformidades.
En México todo ha sido México. Se venden álbumes y postales de sus jugadores en los frascos de Coca-Cola. Se venden camisetas del Tri en los super mercados y en los puestos ambulantes. A uno de los candidatos presidenciales le preguntan en un debate televisivo sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres y aprovecha para enviarle saludos a la selección.
En ese año Cuba jugó sus tres únicos partidos en la historia de las copas mundiales de fútbol. Hasta ahí llegaron los antillanos. Un tren sueco les pasó por encima sin atisbo de clemencia.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.