En este panorama chapucero es muy fácil suponer que mienten olímpicamente cuando dicen que al Decreto 349 solo le preocupa la chabacanería y el intrusismo. No hay por qué creerles. Y no es difícil suponer que las personas talentosas que lo defienden pecan de ingenuidad, cinismo o cobardía.
La nostalgia por la sociedad prerrevolucionaria impide encontrar la ruta de Cuba en nuevos movimientos e ideas, en los más radicales y sorprendentes, en lo político y en lo estético.
El desacato “apolítico” se instaló en la Nueva Cuba para quedarse y predominar. ¿Será el reguetón más indecente o tramposo que la política? Algo con lo que flirteamos inescrupulosamente, más allá de la eticidad o los buenos modales.
Lo que el mercado y la crítica literaria entiende por novela de no ficción tiene, por lo general, tres antecedentes precisos: la narrativa del new journalism americano (Truman Capote, Tom Wolfe, Norman Mailer, Joan Didion, Gay Talese…).
El tema de un Tribunal Constitucional ha quedado en segundo plano. Durante más de 40 años, la interpretación de las leyes cubanas y la comprobación de la constitucionalidad —las principales funciones de semejante tribunal— han recaído en la Asamblea Nacional
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.