Las «ruinas habitadas» de La Habana podrían ser el escenario indicado tras el ataque norteamericano tantas veces invocado por el discurso político cubano de los últimos sesenta años.
Cabría preguntarse lo siguiente: ¿qué pasa, sin embargo, cuando la dictadura se supera por vías pacíficas, sí, pero una cuota demasiado alta de «infierno» permanece oculta el tiempo suficiente, digamos, tres décadas, «en algún sustrato de la ciudad real y de la ciudad imaginaria»?
La reciente puesta en escena de Hierro, de Argos Teatro me parece una extraordinaria manera de comprender a Martí, a través de cómo lidió con sus conflictos, fuesen personales o nacionales.
El gran tema político del futuro cercano en Estados Unidos se centrará en qué rama del populismo económico puede responder mejor a la necesidad de que una mayoría de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, vuelva a sentirse partícipe de ese crecimiento, y traducir el descontento económico en propuestas concretas sobre salarios, vivienda, impuestos, competencia empresarial y poder corporativo.