Isabel Muñoz sintió un día las tremendas ganas de fotografiar la danza. Parece abstracto: fotografiar la danza. Esa energía, la belleza de cualquier movimiento,...
Así pasó el tiempo, y cumplieron años en Cuba, llegaron a tener ochenta, noventa, cien años, y siempre fueron extranjeros en el país donde vivieron toda la vida.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.