La alternativa del refugio para miles de cubanos varados en México

En la primera mitad de 2025, unos 20 mil 900 migrantes de la isla han solicitado refugio en México, que se ha convertido desde 2024, según la ACNUR, en el destino final para miles de cubanos.

Alina* ya perdió la cuenta de las veces que ha tenido que ir, desde enero último, a la sede de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), ubicada en la calle 10 de la colonia Granjas San Antonio, en la alcaldía de Iztapalapa, Ciudad de México. Ella es una de los tantos cubanos varados en México tras la cancelación de los programas que permitían a migrantes irregulares ingresar en Estados Unidos. Por ello, a inicios de 2025 optó por el procedimiento para ser reconocida como refugiada ante el gobierno mexicano.

«Por ahora es lo que toca», dice a El Estornudo, mientras espera en una de las largas filas que se forman de lunes a viernes, entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde, a las puertas del edificio gubernamental. «El primer contacto para el refugio mi esposo y yo lo hicimos el 3 de enero en la sede de Naucalpan, en el Estado de México. Pero ese lugar sí está feo y da miedo. Ahí hay que ir “armado” con lo que sea. Esa vez solo nos tomaron nuestros datos y explicamos por qué salimos de Cuba, pero ya todo lo demás ha sido aquí… Hemos venido como 12 veces, porque cada diez días hay que venir a firmar y, si se falta una sola vez, ya consideran que abandonaste el proceso», explica Alina, de 28 años, quien trabajaba como médico general integral en la ciudad de Santa Clara, en el centro de la isla, y desde hace más de un año reside junto a su esposo en la alcaldía Miguel Hidalgo de la capital mexicana, luego de una azarosa travesía terrestre desde Nicaragua.

Durante meses, Alina estuvo optando —mediante la aplicación CBP One— a una cita para entrar en Estados Unidos, pero no tuvo suerte. «Dios sabe lo que hace. Mira cómo están las cosas allá. Quieren deportar a los que entraron por esa vía, y regresar a Cuba no es opción para nadie», afirma para fundamentar su decisión de acogerse en México a la Ley sobre refugiados, protección complementaria y asilo político.

Esta legislación reconoce como refugiado a toda persona extranjera en México que haya sido perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, género, grupo social, o por sus opiniones políticas. También protege a quienes huyen de su país porque su vida, seguridad o libertad hayan sido amenazadas por violencia generalizada, conflictos armados o violaciones graves a los derechos humanos.

Un refugiado podrá vivir en México de manera regular y contará con la protección del Estado, además de tener acceso a derechos como educación, salud, trabajo y vivienda. Dicha condición también beneficiaría a sus familiares del extranjero que estén en el país.

Según la ley, el primer paso del procedimiento es manifestar por escrito la solicitud de refugio en cualquier oficina de representación de la COMAR, que es la autoridad federal mexicana encargada de evaluar las peticiones de asilo y refugio, o, en su defecto, en las sedes del Instituto Nacional de Migración (INM). Luego, debe completarse un formulario en que se explican los motivos de la salida del país natal. Tras ello, la COMAR entrega una constancia de inicio del trámite, por lo que el solicitante no puede ser repatriado ni detenido, a menos que salga del Estado donde comenzó el proceso.

En otro momento, se le otorga a la persona una Clave Única de Registro de Población (CURP) temporal para acceder a trámites y servicios públicos, así como una Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias (TVRH), vigente por un año. El interesado tendrá la obligación de acudir a firmar el día asignado en la sede correspondiente de la COMAR.

La entidad oficial realizará dos entrevistas: una para conocer al solicitante y otra para ahondar sobre los motivos de la salida de su país de origen. Entre 45 y 100 días hábiles es el plazo establecido para que la COMAR notifique una resolución final.

Sin embargo, ante la creciente actual y la disminución en el presupuesto de la entidad, ese dictamen puede tomar mucho más tiempo. Si el dictamen resulta negativo, se puede requerir una nueva revisión del caso con representación legal incluida.

Cubanos y haitianos en la sede la COMAR en Iztapalapa
Cubanos y haitianos en la sede la COMAR en Iztapalapa / Foto: Katia Monteagudo

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Tanto para Alina como para decenas de migrantes cubanos y de otras nacionalidades que cada día se agolpan a las puertas de la COMAR en Iztapalapa y otras sedes en el país, el camino para obtener la condición de refugiado no está resultando nada fácil. «Esto va para largo y es muy pesado», dice, mientras hace fila por doceava vez en la misma sede gubernamental. Esta vez, ella y su esposo plasmarán sus huellas y serán fotografiados para su CURP temporal. Deben firmar una vez más sus respectivas solicitudes de refugio, por lo que tendrán que hacer una segunda cola junto a muchos otros compatriotas, haitianos y venezolanos.

Silvia Garduño, oficial de comunicación de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) México, afirmó en diálogo con El Estornudo que hasta mediados de 2025 unas 20 mil 900 personas de origen cubano habían solicitado asilo o refugio en México. Esa cifra, puntualizó, ya supera el total registrado a lo largo de todo el año pasado (17 mil 600).

«Tradicionalmente las personas de nacionalidad cubana buscaban llegar a Estados Unidos; sin embargo, los recientes cambios en las políticas migratorias de ese país han llevado a un mayor número de ellas a considerar a México como su destino final», subrayó Garduño.

Según el Reporte de Monitoreo de Protección de ACNUR México 2024, el 82 por ciento de los nacionales cubanos entrevistados contemplan a como destino final a México. «Ese es un porcentaje considerablemente más alto que el de otras nacionalidades: haitianos (64 por ciento), salvadoreños (56 por ciento), nicaragüenses (46 por ciento), hondureños (45 por ciento) y guatemaltecos (40 por ciento)», aseguró la oficial de ese organismo de la ONU que colabora con las autoridades mexicanas para garantizar la protección e integración de esas personas.

Un informe  de la ACNUR indica que, durante 2024, se registraron en la COMAR casi 80 mil solicitudes de refugio, en su mayoría de personas provenientes de Honduras, Cuba, Haití, El Salvador y Venezuela. Más de un 20 por ciento de esas solicitudes correspondieron a cubanos (17 mil 884), y eso no ha hecho más que dispararse —según hemos visto— tras la llegada de Donald Trump a la casa Blanca.

Según la COMAR, Cuba —junto a los mismos países arriba mencionados— ya estaba entre los principales contribuyentes a la cifra de más de medio millón de personas, de 162 nacionalidades, que pidieron la condición de refugiados durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024).

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«Aquí he visto gente que desde octubre de 2024 están pidiendo refugio y todavía no tiene respuesta. Hay personas que viajan cada diez días desde los estados de Hidalgo, Morelos y el Estado de México. Conocí a un muchacho cubano que ha venido aquí más de 16 veces, y todavía nada. Esto pone a uno tenso. Lo único bueno es que con la constancia del trámite nadie te puede detener ni tampoco deportar», explica a El Estornudo Melissa, una estomatóloga guantanamera de 32 años que también quedó varada en México. Ella debe viajar, cada vez, desde Tizayuca, Hidalgo, donde reside, hasta esta sede en Iztapalapa.

«La primera vez vine con una amiga mexicana que me enseñó cómo llegar en el metro, porque el viaje en taxi me costaría unos dos mil pesos mexicanos (alrededor de 100 dólares), y sería trabajar toda una semana para eso», cuenta. 

A Melissa ya le tomaron huellas y foto para la asignación de un CURP temporal, pero mientras no pase por la segunda entrevista personal grabada y tenga una resolución definitiva debe seguir acudiendo cada diez días a la oficina de la COMAR. 

«Este proceso es gratuito, pero el viaje cuesta, y no siempre en los trabajos están dispuestos a darte permiso para venir», explica. «Yo estoy como auxiliar en una clínica privada de estomatología. Aún no tengo licencia para trabajar como dentista. Sin papeles no puedo».

Melissa llegó a este país desde Ecuador, a donde había emigrado después de varios años como cooperante de la Brigada Médica de Cuba en Venezuela. Tiene nacionalidad jamaicana por parte materna, gracias a lo cual pudo viajar directamente desde Quito hasta la Ciudad de México. «Yo vine por embullo de mi hermano que vive en Estados Unidos», dice, «pero nunca me llegó la cita del CBP One, y ahora estoy aquí hasta ver cuándo se termina esto y ver qué pasa después que termine el gobierno de Donald Trump».

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«Desde marzo mi familia y yo estamos esperando por un correo de confirmación de la COMAR para continuar nuestro proceso de refugio y todavía no nos llega. Ya estuvimos en Naucalpan, donde hay que empezar este proceso y nos hicieron la primera entrevista aquí en Iztapalapa», comenta Yolanda, una cubana de 54 años, que por tercera vez viene a pedir alguna información sobre su caso en esta oficina, como hacen cada día decenas de migrantes de distintas nacionalidades preocupados por el estancamiento de sus trámites. 

Los que hacen fila para «pedir informes» aún no tienen la constancia que les asegura no ser detenidos ni repatriados, aunque en las cercanías de la COMAR en Iztapalapa no hay autoridades migratorias ni policiales en plan de detener a los extranjeros que allí se agolpan cinco días a la semana. En los alrededores varias personas ofrecen servicios de representación legal o para enviar dinero a Cuba, Colombia o Venezuela. También hay un pequeño comercio informal que vende «pizzas cubanas», malta y otros refrescos.

«Cada vez que he venido todo está tranquilo. Hay mucha gente en las colas, pero están calmadas y se avanza rápido», reconoce a El Estornudo Yolanda, quien lleva más de ocho meses en la capital mexicana, específicamente en la alcaldía Benito Juárez, donde cree que pasará, al menos, unos cuatro o cinco años más… Siendo optimistas. 

Ahora le preocupa mucho que su solicitud aún no «camine», y esa incertidumbre la mantiene tensa. Conoce los beneficios de un refugio en México, y, por supuesto, tampoco ve como una opción viable su repatriación a Cuba. 

«Podría acceder a los servicios de salud del gobierno y tener mejores trabajos. Hasta ahora solo han sido temporales. Me pagan poco y hay que hacer demasiadas horas. Sin papeles nadie te contrata en serio», confiesa. «A mí tampoco me llegó la cita del CBP One y no nos quedó más remedio que quedarnos aquí para lograr una vida mejor. Regresar a Cuba no lo creo posible, menos ahora que está peor». 

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Recientemente, el representante de la ACNUR en México, Giovanni Lepri,  aseguró que en estos momentos hay un menor flujo de extranjeros llegando al país, aunque, dijo, «también vemos que la parte de personas solicitantes de asilo o refugio no ha disminuido en igual manera proporcional [sic]».

De enero a finales de mayo último, unas 36 mil 300 personas migrantes solicitaron asilo o refugio en México, cifra similar a la del mismo periodo en 2024, con Honduras, Cuba, Haití y El Salvador como principales naciones de origen, indicó Lepri. 

Sin embargo, la COMAR cuenta ahora mismo con un presupuesto hasta un 20 por ciento inferior, entre otras cosas, «porque también la ACNUR ha tenido que disminuir su apoyo», ya que, como otras organizaciones humanitarias, se ha visto afectada por importantes recortes en la financiación procedente de Estados Unidos y otros grandes contribuyentes. 

De hecho, esto ha obligado a la eliminación de unos tres mil 500 empleos y a una reducción del 20 por ciento en el coste de la plantilla en ese organismo internacional; todavía más, la ACNUR ha tenido que cancelar actividades con algunos de sus socios desde este 1 de julio.

Según Lepri, México se mantuvo en 2024 entre los diez primeros países con más solicitudes de asilo y refugio a nivel mundial, y este año continuará siendo un enclave «muy relevante en términos de protección internacional».


*Todos los nombres de los entrevistados, quienes se encuentran en tránsito y en medio de trámites migratorios, fueron cambiados a petición suya.

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Katia Monteagudo
Katia Monteagudo
Nació en el centro de Cuba, pero es ya chilanga por adopción. Pertenece a la generación del linotipo, a la mismísima era del plomo, pero sigue en el oficio por puro deseo casi 40 años después de haberse licenciado en la Universidad de La Habana.

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