Todo empezó jugando con Martica. Le tiré dos fotos en blanco y negro en el balcón con el cuadro que tenía de Jim Morrison. Yo decía que era su Pamela Susan. Después empecé a jugar con amigos que iban a la casa, y más tarde a convocar a otros amigos o conocidos que me caían bien o que aparecían de pronto. 

Martica fue la primera foto en el 2014 y la última foto en el 2016. 

Rogelio Orizondo. 15 fotos de Vapor 69. Martica.
Rogelio Orizondo. 15 fotos de Vapor 69. Martica.

En el 2015 la imagen del cuadro viajó a Miami y Legna posó en el Downtown. Yo me leí Las analfabetas, donde los estudiantes de Medicina, que jugaron en el Cementerio de Espada, jugaban con los protagonistas dentro un término sin género, como si analfabeto no existiera y todos fuéramos, más allá de hombres o mujeres, analfabetas. Meses después, Legna estuvo en Vapor 69 y se tiró, con la misma imagen, en el suelo del balcón.

Después mi mamá murió. Yo la había hecho posar casi desnuda con la bandera cubana. Ella era Sagitario como Jim Morrison, y de pronto no existía como no existía Jim. Quería tirar cien fotos y esperé el 6 de diciembre del 2016, el primer cumpleaños que no podía felicitarla, para jugar con Pablo Rosendo y Adrián Alfaro, que me tiraron la última foto en el pedazo que existe del nicho del Cementerio de Espada, sobre el cual la casa de Vapor 69 está construida. Es un lugar muy cargado. Y en esa casa, de mi amiga Rocío, habían muerto dos mujeres y un hombre me llamaba por teléfono y me decía que esos espíritus no me iban dejar descansar en paz.

Ahora vuelvo a mirar las fotos. Pensé en hacer un libro con ellas acompañadas de textos, o utilizarlas en un material audiovisual. Pero no lo he hecho. Son todavía como los fantasmas de Cayo Hueso, donde a solo una cuadra está el mar. 

Jim Morrison me cambió. Hace poco tuve una conversación con Javier Marimón en Puerto Rico y él me preguntaba si lo que me cambió fue el cuerpo de Val Kilmer o Jim Morrison. Nunca nadie me había hecho un comentario tan inteligente, y yo me reí. Con Val Kilmer dormí y viví desde que vi Willow. Pero ese día, cuando era un adolescente, y vi la película de Val, le pedí a mi papá que me pusiera The Very Best of The Doors, y pocas semanas después me regaló un casete con el CD doble grabado, y yo empecé a copiar las letras, a oír todos los discos, a leer los poemas de Jim Morrison. Y él se convirtió en un ángel para mí. Físicamente, era todo lo que quería ver a mi lado. Y, bueno, el chico estudió cine, se convirtió en una estrella de rock y murió como un poeta en París. 

De Vapor 69 pasé a La Florida, donde él nació. Y compré un MacFarlen Toy Figure de Jim, sin camisa, cantando con un micrófono y los ojos cerrados. Lo quería para decorar la pecera, donde vive el pez peleador. Mi amiga Luz me dijo, cuando compré la pecera, que debía decorarla con una figura de Bad Bunnymood Un verano sin ti. Pero casi no oigo a Jim Morrison, ni pienso en él. Por eso lo coloqué en la pecera y me decido a compartir estas fotos. 

Rogelio Orizondo. 15 fotos de Vapor 69. Rogelio.
Rogelio Orizondo. 15 fotos de Vapor 69. Rogelio.