«El mundo no está diseñado para la autonomía cinematográfica, porque el cine es una herramienta de poder». Es una aseveración absolutista, por tanto, debatible, que adelanta Lynn Cruz bien temprano en su libro, pero es la idea que motiva a crear su arte al cineasta Miguel Coyula, para quien esto es, más que aforismo, convicción.

Crónica azul (Diez años de rodaje) (Fra, Praga, 2022), el libro de la escritora y actriz Lynn Cruz, es la narración en primera persona, y con las venas abiertas, de los diez años que le tomó a Coyula completar su filme Corazón azul (2021). Durante ese tiempo, ella fue pareja del director, pero no una simple compañera, o un ente pasivo cegado por la admiración al cineasta, sino que fue un personaje muy activo, decisivo en la realización del proyecto, lo cual da más valor al relato.

Portada de ‘Crónica azul’ / Imagen: in-cubadora.com
Portada de ‘Crónica azul’ / Imagen: in-cubadora.com

Coyula es lo que yo llamo un autor incómodo. Es alguien que juega con sus propias reglas y no está interesado en complacer a nadie con su arte. Su compromiso es consigo mismo y con la visión que tiene de su temática y de su estilo. El cine le interesa como arte y no como industria (que también es); escribe, produce, fotografía y dirige sus proyectos, no importándole el tiempo ni el esfuerzo que le tome, siempre y cuando no tenga que ceder a presiones externas. Hace el cine que le gustaría ver. Quiere mantener control total sobre su obra.

Comenzó muy joven, acabado de graduar en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Realizó varios cortos muy apreciados por quienes los vieron. A principios de siglo vino a Estados Unidos, donde filmó su primer largometraje, Cucarachas rojas (2003), una película desgraciadamente poco vista, pero que se ha convertido en una pieza de culto. Luego, tras varios años de trabajo, completó, entre Cuba y los Estados Unidos, Memorias del desarrollo (2010), basada en la obra de Edmundo Desnoes. Este filme tiene muchos acentos políticos que no agradaron a los dirigentes culturales cubanos, ya que entre otras cosas pone una mirada radiográfica en la figura de Fidel Castro. Es una deconstrucción del mito, y por ello fue bloqueado en muchos festivales o no consiguió una satisfactoria distribución, limitada por los largos tentáculos de la inteligencia cubana.

Decidió regresar a Cuba, donde es admirado por sus colegas y los pocos que han tenido acceso a su obra, pero reprimido y ninguneado por las autoridades. Regresó al infierno, a su infierno, para, como señala Cruz, habitarlo. En 2012 comienza a trabajar en Corazón azul y es entonces cuando se conocen él y la autora del libro.

El filme es una obra de «ciencia ficción»: plantea un mundo distópico en que Fidel Castro ha desarrollado unos experimentos genéticos para crear una nueva raza. Lo cual por supuesto es un tema tabú en la isla. Pero eso no detiene a Coyula. No teme cuestionar la figura del Máximo Líder. Tanto es así que, en medio de la realización de Corazón azul, completó un documental muy crítico sobre el proceso revolucionario cuya pieza central es el ya difunto poeta Rafael Alcides, un hombre que creyó al principio en la Revolución y que terminó completamente desencantado y reprimido por el gobierno. El documental se tituló Nadie (2017) y, por supuesto, ha tenido grandes problemas de distribución.

Por décadas, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) tuvo el control absoluto de la producción y distribución de cine en la isla. En este siglo ha cedido una parte de ese poder debido a los nuevos medios digitales y a la escasez de dinero. Ha aceptado coproducciones con otros países, y ha crecido, bajo vigilancia, un germen de cine independiente. Pero el ICAIC aún controla lo que se puede ver en las salas del país.

Crónica azul relata el diario avatar de quien se lanza a hacer cine independiente en Cuba. No solamente narra las presiones que el cineasta y la actriz sufrieron por parte del gobierno, sino los golpes bajos que les infligieron amigos y otros profesionales, asustados por las implicaciones que traería trabajar en una película independiente y, sobre todo, de Coyula. Es un libro que ilustra el tesón y los riesgos que corren quienes se atreven, así como la cobardía y la falta de solidaridad de quienes temen la represión y se acomodan a ella. Hay incluso un capítulo sobre un encuentro con la ahora tan famosa actriz Ana de Armas y su entonces pareja, Ben Affleck, en que los hollywoodenses terminan evadiendo a Coyula y a Cruz.

Narrado con una prosa sencilla y eficiente, bien escrita, este testimonio no solamente ilustra con fuerza la persecución sufrida por Coyula y Cruz durante los diez años de trabajo, sino que también está lleno de opiniones muy interesantes, con las cuales se puede estar o no de acuerdo, pero que llaman a la reflexión, así como de análisis agudos sobre aspectos políticos y culturales de la realidad cubana, su influencia en la mentalidad nacional, y el alcance internacional de las intrigas palaciegas cubanas.

Lynn Cruz (1977) es directora de teatro. Ha fundado, al margen del gobierno cubano, el proyecto independiente Teatro Kairos LCAP; ha actuado en diversas producciones teatrales desde 2003; ha tenido papeles destacados en filmes como Larga distancia, de Esteban Insausti, y ¿Eres tu papá?, de Rudy Riverón. En 2021 publicó Terminal, su primera novela. 

Crónica azul le ha valido el premio Franz Kafka de Ensayo/Testimonio 2022, que concede la plataforma InCUBAdora en Praga. Constituye un documento vigoroso, testimonio de la censura y de las asechanzas bajo el totalitarismo, que no solo tiene un gran valor en la actualidad para entender la cultura cubana, sino que, sospecho, con el tiempo será cada vez más valioso.

Tanto Corazón azul como Crónica azul son obras comprometidas y comprometedoras a las cuales es fácil acercarse en libertad, pero que en países totalitarios resulta riesgoso incluso intentar saber de qué tratan. Son hijas del coraje de sus autores.