EL RECUERDO MÁS ANTIGUO de la «inclinación griega» de Lezama, celosamente guardado por amigos cercanos, es su relación con uno de sus compañeros del...
No hay que descartar, tampoco, el humor lezamiano, capaz de transfigurar sus cotidianos periplos y conversaciones habaneras en crípticos versos fundadores, sublimando y, al mismo tiempo, riéndose de ello.
Lo único terrible de todo eso es que leo intercalando un cuento de Enrique Del Risco y uno de Francisco García González. Los intercalo y mi cabeza, de cierto modo, explota.