El campo cultural cubano no solo es un campo en tensión, como tantas veces le escuchamos decir a Pierre Bourdieu, sino algo resbaladizo y tentacular y con una cantidad considerable de arrastres de pies, personajes anónimos y porn stars.
La literatura hoy tiene más que ver con la cantidad de amigos en Facebook, los likes y las veces compartidas, twitteadas, esto es: con el número de post, que con el canon de Harold Bloom...
Se sabe: Pedro Juan Gutiérrez ha dejado de ser un escritor maldito, sin que eso sea necesariamente algo bueno. Como un fantasma carente de terror, ahora vuelve en ediciones masivas y oficiales y casi convertidas en patrimonio de la UNEAC.
Estas imágenes intentan ser el azogue de versos monumentales, y a la vez esencialmente inasibles, como los versos de Testamento del Pez o Saúl sobre su espada o Palabras escritas en la arena por un inocente.
En Cuba se puede inaugurar un estudio-galería, un bar, una cafetería, un gimnasio, una clínica de celular, un acuario, una trasquiladora, una desmochadora de palmas, una carbonera, un establo…, pero no una editorial.