Desde hace meses el ciclo de las crisis de desabastecimiento —pasajes de extrema gravedad dentro de la gravedad— no han hecho más que acortarse sin que el gobierno se haya animado aceptar explícitamente que la «coyuntura» no es coyuntural sino estructural.
Almenares solo nos muestra esta vez efigies extremas: ancianos y niños, o sea, el pasado y el futuro zapateando las calles de La Habana; un busto de José Martí y una cabeza de puerco.
Las imágenes tienen un vértigo circular,
centrípeto, que nos habla por oposición de nuestras fugas. Tal vez esto es lo
que somos, y de esto escapamos...
Aun en medio de circunstancias históricas, los habaneros parecen tomarlo todo con mucha calma o, mejor dicho, los habaneros han aprendido a apresurarse con calma.