Pocas veces como este 31 de diciembre hubo tantas razones para quemar el Año Viejo.
A escala global cualquier pronóstico de equilibrio y armonía que...
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.