Mi familia es lo único que me ata al lugar donde nací y la razón por la que vuelvo una y otra vez, aunque al país lo hayan tirado por las alcantarillas.
El 25 de julio de 2024, durante mi penúltima noche en Cuba, cuando disfrutaba en Matanzas de la pieza teatral «El Baracutey», del grupo El Portazo, recibí un mensaje de texto. Anunciaba lo que mi cabeza había anticipado hacía años. Mi padre biológico, finalmente, había muerto.
Ella murió hace justo cinco años y nunca salió de Matanzas. Yo fui al cementerio del pueblo de Colón un mediodía muy caluroso y entregué sus cenizas al amparo de un panteón municipal. Desde entonces no ha dejado de morir, lo que quiere decir que desde entonces no ha dejado de asombrarme que murió.
Trazos de memorias, permanencias, disidencias, desvíos. A algunos se nos permite caer en un estado, en una emoción, aunque no totalmente. Refugiados, tal vez,...