Encontrar parecidos es un síntoma de debilidad 

    Me siguen pareciendo sinceras tus palabras, aunque ya no creo en lo que se muestra como verdadero. Contrario a la mayoría, creo más en la falsedad, en la exageración, en lo sobreactuado; todo eso me parece más sincero. Desconfío de las personas que se muestran siempre iguales. Que aburridos ellos. Me recuerdan a los vecinos que tuve en el campo, parientes por parte de mi madre: demasiados expuestos, sin pliegues, nada que esconder; ellos sin duda se veían reflejados en la foto de la cedula, ellos sí que respondían a ese ridículo número de identidad. Pienso mucho en eso porque siempre me preguntan de dónde soy, como si nacer en un lugar determinara tu forma de pensar. En esa expresión, «de dónde eres», está implícito que el lugar de nacimiento es dueño de tu existencia. A la recurrente pregunta, yo contesto: «Nací en Cuba». «Aaah, entonces eres de allá»; encerrándome a un gentilicio que ya no me sirve, que siempre me pareció demasiado. Probablemente esto se deba a que nunca me sentí del lugar donde nací; ni mucho menos quise a aquellas personas que conocí cuando era un adolescente tímido y parecía amoroso con todos en el barrio. Voy renegando de todos los sitios donde he vivido, hasta quedarme con un sentimiento de desprecio. Mi estómago arde, mi hígado debe estar hinchado. 

    La falta de riqueza material de aquellas personas con las que crecí hacía que se esforzaran en ser demasiado francos, y es que la carencia material casi siempre lleva a la presentación básica: a no soñar con otra vida más allá de los ordinarios días que por obligación se deben vivir. Y a pesar de la monotonía, se enorgullecen de esa existencia. Y tiene lógica tal sinceridad: es el único capital que conocen, la única riqueza que poseen.   

    Más que tus palabras, lo que me convence son las fotos de tu pene. Tienes hecha la circuncisión; tu glande es triangular. Hoy estuve esperando a la dueña de un puesto de venta de artículos de diseño y arte. Su eslogan es: «Se venden objetos con sentido». Estuve pensando en la frase, en nosotros, en mí. Resulta paradójico que algunas de mis pertenencias se vendan en ese lugar. Vuelvo a ver la foto de tu pene. No quiero ver tu cara. Tu cara es todo lo contrario. Tu pene es grande, húmedo, sensual. Tu cara es triste, melancólica, como de un hombre vencido. En tu rostro no hay victoria como en tu sexo. Leerte es estar cerca de ti, aunque ya no nos hablamos. No dejo de pensar en la frase que preside la tienda donde voy a vender mis objetos con sentidos. Creo que encierra un gran cinismo, si evaluó mis últimos años. Qué sentido tiene seguir escribiéndote, decirte las cosas que me pasan. Qué sentido tiene seguir denunciando el país, qué sentido tiene intentar que me escuches. Estoy fascinado con la idea de cómo las personas se muestran, cómo quieren ser vistas. Me hago esa pregunta cuando en ocasiones me piden retratos, pero la gente quiere que esos retratos no sean una mera copia fiel de sus rasgos. Quieren verse reflejados, pero sin ser ellos. Lo mismo que sucede en el cine cuando veo una escena que me recuerda lo nuestro. 

    Las casas que están allá arriba, en la montaña, reciben la luz intensa del sol por un solo lado. La pintura sobre esas paredes se hace opaca, se deteriora más rápido, tiende a cuartearse: así sucede con quienes se muestran constantemente. Aunque hay sin dudas una belleza seductora en esa exposición. La misma belleza socorrida de los mendigos, la belleza de los desplazados. Ayer una artesana colombiana no creyó que yo fuera un indocumentado, un individuo que ha sobrevivido cuatro años sin papeles en el Ecuador. Dijo mirándome a los ojos que le costaba trabajo creer eso. Tampoco creía que no tuviera un buen empleo fijo. Según ella, no tenía pinta de cubano

    Pensé entonces en las tantísimas veces que finjo no haber nacido en el campo. En ese instante intuí que fingir es la forma más eficiente de hacer.

    Yo sigo dedicándote mis textos porque creo que los leerás. Finjo que tuvimos algo más que unos besos en el pasillo del Instituto Cubano del Libro. Fue mientras repartían el coctel, al finalizar la presentación de un libro de poesía: «Otro más», dijiste, despectivamente, refiriéndote al género. Entonces me dolía oír una expresión como esa. Ahora sé que en aquel tiempo me dolían muchas cosas, y que era mejor persona. A medida que se escribe sin recelo el dolor aminora, o uno se acostumbra a él. Por las calles en esta ciudad hay muchos hombres que por su aspecto físico me recuerdan a ti. Sin dudas son hombres más refinados: una barba perfecta, bien cortada, las canas resaltan el cabello negro; las mangas de la camisa blanca sobresalen un tanto bajo la chaqueta; un pañuelo de satín en el bolsillo superior. Casi siempre estos hombres son gerentes, o trabajan en oficinas. Estoy seguro de que si te muestro alguna imagen de ellos no te agradaría saber que me recuerdan a ti. 

    Esto de encontrar parecido es un síntoma de debilidad. No soy lo suficientemente valiente para olvidarte. No me pasa solo contigo. Camino esta ciudad tratando de encontrar el mar; sé que nunca lo encontraré, pero me asomo a las quebradas, al final de las calles que dan los desfiladeros… Me asomo pensado que el mar podría estar allí. Han trascurrido cuatro años y sigo haciendo lo mismo. 

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    Yanier H. Palao
    Yanier H. Palao
    Yanier H. Palao (Cuba, 1981). Escritor y artista plástico. Sus manos han envejecido prematuramente por su antigua labor como restaurador. Sus manos han acariciado más la piedra de cantería, el yeso, las rejas de hierro, que la piel humana. Le interesa lo escondido, recoger fragmentos, desechos, con ellos construye artesanías que después vende. Le hubiera gustado ser arqueólogo. Ha publicado, entre otros, los libros: Sombras del solo (Ed. Holguín, 2005), Peces en bolsas de nylon (Ed. Ávila, 2009), Música de fondo (Ed. La Luz, 2010), A la intemperie (Ed. Holguín, 2011), Vaciados (Ed. Aldabón, 2011), Esteros (Ed. Abril, 2013). Ha recibido numerosos premios entre los que se encuentran el “Premio Calendario” en Poesía, 2012 y la beca de creación literaria que otorga el proyecto “Torre de Letras”, 2016. En el 2018 publicó Óxido por Letras Cubanas. Recientemente ha salido a la luz País excéntrico, publicado por Iliada Ediciones.
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    2 COMENTARIOS

    1. Leerte siempre me salva. Desde que te leí por primera vez no he querido dejar de hacerlo, te he seguido leyendo, desde Cuba, en Brasil, y ahora en Chile, fuiste el autor q mas leí en pandemia, te leí desde el hospital, cuando nació mi hijo, y ahora te leo en las madrugadas de lactancia materna , leerte me alivia y me aterriza , me permite además poder verme , y entender un número de cosas que sólo tu escritura sabe descifrar , y explicar tan bien.

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