Crónicas

Días de coronavirus (XXXIII)

Anoche la peste se llevó a Víctor Batista. Lo vio M. en el teléfono al abrir los ojos esta mañana. Me despertó y me...

Días de coronavirus (XXXII)

Anoche soñé que iba en bicicleta calle abajo, apartaba las manos del manillar y saludaba a los vecinos que habían salido al balcón a...

Días de coronavirus (XXXI)

Desayuné helado. Es ese un placer que solo me concedo en vacaciones, cuando compro en Miami esos helados de mamey de la marca Valentini,...

Días de coronavirus (XXX)

Aún desde la cama, después de un mes encerrado, le pedí a Siri que reprodujera «Hola, soledad» cantada por Rolando Laserie. Palito Ortega le...

Días de coronavirus (XXIX)

Somos figuritas inmóviles en el paisaje de la pandemia. Presos en nuestras casas; formando colas separados unos de otros metro y medio para comprar leche,...

Días de coronavirus (XXVIII)

La televisión, que ya veíamos poco en casa, ha quedado ahora totalmente proscrita. Nunca he sido favorable a desconectar de la televisión y, de...
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Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.

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