El propósito de la izquierda debería ser responder esa resbaladiza pregunta, cómo obtener, en las groseramente adversas circunstancias de Cuba, que el país crezca en forma continua, justa, proporcional y sostenible, que no salga solo la minoría de esta catástrofe, y que no pierda la mayoría lo poco bueno que tiene...
A esta hora la televisión nacional, que no está encadenada, también transmite el choque entre el Real y el Getafe, y mientras Raúl Castro lee el informe central del congreso, uno no llega a discernir entre los aplausos que bajan del graderío del Coliseum Alfonso Pérez en Madrid con los goles del equipo de Zidane y los que emiten los militantes comunistas reunidos en el Palacio de las Convenciones.
La de Cuba es una juventud descabezada, y diezmada, agujereada por las ausencias de las decenas de miles de muchachos que se marchan del país cada año, el único acto de tácita rebeldía que muchos son capaces de hacer.
Obama quiso visitar un país que en realidad nunca visitó y que nunca hubiera podido visitar, porque el peso de su llegada siempre habría terminado deformándolo.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.