La Habana es una ciudad de sucesos insólitos. He visto que en el Zoológico de la Avenida 26, en Nuevo Vedado, unos gatos con la muerte en la cara se meten en las jaulas de hienas y tigres, llevándose en sus bocas la cena cruda de estos. Los cuidadores del zoológico, al verlos, se encogen de hombros. Les es natural.
Expertos en encuestas de opinión y campañas políticas coinciden en que las predicciones a nueve meses de una elección son inútiles. Pero es difícil no convencerse de algo cuando prácticamente todos a tu alrededor piensan y dicen lo mismo.
Las cámaras, las entrevistas y los reflectores asustan a Ding. Encuentra extraños, o inexplicables, los elogios, las celebraciones y la atención. Cualquier exceso, y hay pocas cosas que no le parezcan tal, lo hace retroceder, pero su delicadeza, al cabo, lo vuelve accesible.
¿Hay espacio para los terceros partidos en la política norteamericana? Sí lo hay, pero no de la manera que han actuado hasta el momento, tratando de ganar una elección presidencial, lo cual es poco menos que una ilusión. Esto satisface el ego de sus líderes, pero no alcanza los objetivos del partido y sus seguidores.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.