La nostalgia por la sociedad prerrevolucionaria impide encontrar la ruta de Cuba en nuevos movimientos e ideas, en los más radicales y sorprendentes, en lo político y en lo estético.
Podríamos pedir democracia, pero en esta ocasión, no seremos tan zoquetes. Pediremos, humildemente, algo bastante más simple, que sean abolidas las fuerzas armadas de Cuba.
Fidel lleva dos años muerto, y por hábito, por pereza, por ignorancia, por agria terquedad, o por oportunismo, muchos cubanos siguen hablando de la “Revolución” como si todavía fuera 1968.
Los delegados del congreso de la UPEC insistieron en que no quieren copiar lo que llamaron “el modelo de prensa capitalista”, y prometieron que el de Cuba sería especial, diferente, mejor que el de todos los demás países, incluso el de Noruega.
Esta semana, habrá cambio en la Jefatura del Estado, y alguien distinto a Raúl Castro será proclamado presidente. Nadie espera que cambie nada, y nada cambiará, no inmediatamente, porque Raúl, mientras viva y pueda mandar, será todavía quien mande.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.