Ni Donald Trump ni los cuentapropistas. Ni la crisis venezolana ni las Damas de Blanco. Ni la OEA ni El Sexto. Ni tres millones de exiliados ni la Muestra (de cine) Joven. Ni el precio mundial del petróleo ni los centristas. Ni On Cuba ni El Estornudo. El gobierno cubano parece, llegado este punto, invencible, inexpugnable, como si fuera a durar los mil años que Hitler anhelaba que durara el Tercer Reich. Podría llegar a la isla una tormenta diez veces más feroz que Irma, podría subir por la calle San Lázaro desde el Prado hasta la universidad, echar abajo toda Centro Habana, y que solo quedara en pie, con el mar a la altura del piso cinco, el hospital Ameijeiras, que el gobierno se las ingeniaría para sobrevivir semejante catástrofe, recoger a los muertos y mantener a raya a los descontentos, y hasta se vanagloriaría en Granma de su eficientísima administración de la tragedia, de su propia nobleza y munificencia. Podría repetirse 1929, otro Martes Negro, una caída de la bolsa en Wall Street tan honda que cada millón de dólares en los bancos del mundo valga de repente cincuenta centavos, y se vacíen estruendosamente los hoteles de La Habana, Varadero y Cayo Como Se Llame, ni turistas canadienses, ni ingleses, ni siquiera cubanetes de Miami. Caerían la mayoría de los gobiernos de Europa y América Latina, pero no el de Cuba, que se ufanaría en Granma y en Cubadebate de haber pronosticado correctamente la crisis general del capitalismo, y anunciaría la libre circulación del rublo y el renminbi en la isla, media papa costaría cinco rublos, y Granma mismo, cincuenta kopeks o cinco yuanes.

Podría ser sucedido Trump por un Frankenstein hecho con partes de George Wallace, Joseph McCarthy, Barry Goldwater, Richard Nixon, Ronald Reagan y Dick Cheney, que amenace con aniquilar al gobierno cubano, ocupar la isla y convertirla, toda ella, no ya en un estado de la Unión, o siquiera un segundo Puerto Rico, sino en un territorio especial controlado por la alcaldía de Cayo Hueso. A menos que el gobierno cubano haya vaciado diez cápsulas de ébola en el Mississippi, o haya regado Novichok en la fiesta de Año Nuevo en Times Square o en las celebraciones del 4 de julio en Filadelfia, o haya hecho algo igual de estúpido, haya dejado que ISIS creara un campo de entrenamiento en la Isla de la Juventud, o que Corea del Norte lanzara un ataque sónico contra los diplomáticos norteamericanos en La Habana (oh!…), es difícil imaginar que incluso el más belicoso presidente norteamericano, teniendo que resolver tantos otros más graves asuntos, quiera lanzarse a conquistar Pinar del Río y Las Tunas, a plantar su bandera no en Pyongyang o Teherán, sino en los mogotes de Viñales y en la casa de Kiki y Marina. Podrían volver el hambre y los apagones de 1993, que el gobierno cubano, habiendo aprendido entonces una muy útil lección sobre su pueblo, sobre su carácter y valor, sobre lo que quieren y lo que están dispuestos a pagar por su libertad, no esperaría que doscientos malencarados salieran a la calle a protestar para usar el más efectivo recurso en su amplia colección de trucos políticos, abrir las puertas del país, el que se quiera ir, que se vaya. Eso nunca les ha fallado. Inmigración expediría pasaportes express, a diez pesos, cubanos. En veinticuatro horas, la gente podría ir de Cienfuegos o Morón a Novosibirsk, y veinte años después, en la capital de Siberia se podrían comer pastelitos de guayaba y de coco tan buenos como los de Miami. Ni el hambre, ni el más hostil y brutal presidente norteamericano, ni los vaivenes de la economía mundial, ni las catástrofes naturales, ni la oposición interna, ni el exilio, ni el nuevo periodismo independiente cubano amenazan seriamente, ahora mismo, la continuidad del Estado fundado por Fidel Castro. Solo queda un último factor de cambio, peligrosísimo, que el gobierno cubano no puede controlar tan hábilmente como controla y anula todos los demás, él mismo.

Habiéndole robado todo al país, su libertad, su orgullo, su historia, el grupo que gobierna Cuba le quitó también la habilidad para deshacerse de él. Desarticulada por un meticuloso, refinado aparato de vigilancia y represión, horadada física, emocional e intelectualmente por sesenta años de copiosa emigración, exhausta, cínica, desinformada, ineducada, sin líderes y sin ilusiones, la sociedad cubana no ha vuelto, seriamente, a plantarle cara al Estado desde el 5 de agosto de 1994, cuando los rufianes de Centro Habana, oyendo que venía el Comandante a parar la revuelta, dejaron caer las piedras que tenían en las manos y comenzaron a gritar estentóreos vivafideles. El único actor político que queda en la isla con capacidad de cambiar al país es el propio Estado, o más exactamente, las personas que se hacen pasar por él. Esta semana, habrá cambio en la Jefatura del Estado, y alguien distinto a Raúl Castro será proclamado presidente. Nadie espera que cambie nada, y nada cambiará, no inmediatamente, porque Raúl, mientras viva y pueda mandar, será todavía quien mande. Pero su retiro aparente, y su muerte, eventualmente, junto con la de los últimos guerrilleros de la Sierra Maestra, acelera un proceso que comenzó cuando Fidel cayó enfermo en 2006, la degradación y fragmentación de la autoridad política e intelectual de los líderes de la revolución de 1959, y su inevitable disolución.

Si a algo hay que atribuir la sorprendente duración de este gobierno cubano es a la feroz concentración de la autoridad del Estado en la figura de Fidel, que usó esa autoridad como si hubiera sido, no Stalin, Luis XIV, un rey escogido por Dios, un hombre hecho con luz de sol. No fue Fidel un simple, vulgar tirano, y creer que lo era, fue frecuentemente el primer error que cometieron sus enemigos. La fuente de su autoridad no era el Politburó soviético, ni los generales de las FAR, ni la Seguridad del Estado, aunque todos ellos contribuyeran decisivamente a protegerla, ni siquiera la honesta devoción que la mayoría de su pueblo tuvo por él durante muchos años, sino él mismo, su leyenda, y su rebosante vanidad y sentido de superioridad sobre los demás, un defecto moral que frecuentemente fue llamado, imbécilmente, “carisma” y, aún peor, “genio”. Raúl, de quien podría decirse lo que Churchill dijo de Attlee, que es un hombre modesto con muchas razones para serlo, fue incorporado, política y simbólicamente, a la figura y el legado de Fidel, hasta el punto de perder su propia personalidad histórica, y en los doce años que han pasado desde que sucedió a su hermano, ha gobernado Cuba como si su etapa no fuera más que un largo epílogo de la anterior. Ha hecho mucho, pero nada, salvo negociar aquel breve armisticio con Obama, ha sido esencial, casi todo correcciones de los excesos y abusos de Fidel, y ha cometido bastantes abusos propios. Con Raúl, cuando no pueda seguir dando órdenes, o muera, se extinguirá definitivamente el poder que Fidel acumuló y ejerció impunemente, que no es un título, ni tres, no es transferible, no lo puede pasar la Asamblea Nacional de Raúl a nadie, ni siquiera a otro Castro, lo que debería proporcionar a todos los cubanos una suerte de consuelo.

La desaparición de la fuente original de poder y legitimidad del Estado cubano podría ser, al final, lo que haga que la isla se ponga de nuevo en movimiento. Necesariamente, la autoridad del Estado deberá ser reconstruida, nuevas fuentes de poder emergerán, Cuba no se convertirá en Libia, o en Somalia, donde el Estado desapareció junto con los tiranos que habían gobernado esos países con omnipotencia. Cuando se queden solos, no esta semana, no el año que viene, después, los nuevos gobernantes cubanos tendrán que hacer algo que nunca han hecho jamás, política. Se sabe muy poco de ellos, de estos mustios diazcaneles, de lo que saben, de lo que piensan realmente, de su carácter, de sus gustos, de sus ambiciones, además de la muy obvia de sobrevivir. Sin Raúl para mediar y decidir, quién sabe cómo se las arreglarán para acordar qué hacer cuando no tengan consenso para una cosa u otra. Es imposible pronosticar cómo reaccionarían ante acontecimientos internacionales que podrían golpear a Cuba cruelmente, la caída del tenebroso post-chavismo en Venezuela, el agravamiento de esta incipiente, segunda Guerra Fría entre Rusia y Estados Unidos, otra crisis financiera global. Nadie podría decir si, en caso de otro maleconazo, Miguel Díaz-Canel se plantaría en el Prado a ver quién se atreve a tirarle una piedra, como hizo brillantemente Fidel, o sacaría los tanques a las calles, tendría su Tiananmén.

Algunos observadores creen que en esa fila de blancas guayaberas que rodea a Raúl Castro hay un Gorbachov, o un Adolfo Suárez, un reformista disfrazado de talibán que, cuando tenga la oportunidad, saldrá del closet y se declarará demócrata. Quién sabe, a lo mejor en el futuro el aeropuerto de Santa Clara llevará el nombre de Díaz-Canel, como el de Barajas lleva ahora el de quien fue gobernador de Segovia y Secretario General del Movimiento Nacional durante las postrimerías del franquismo. Sería una sorpresa, porque si hay algo notable en esa generación de burócratas del Partido y jefes militares a la que Raúl aparentemente está abriendo el paso, es su robusta, descarada mediocridad, no hay ninguna indicación de que ninguno de ellos tenga ya no conocimientos básicos sobre el mundo y su propio país, sino al menos mínima curiosidad intelectual, y la rara habilidad de pensar lo que nadie ha pensado antes. Mientras lo vieron necesario, Suárez y Gorbachov pretendieron, el uno, ser tan franquista como Franco, y el otro, la reencarnación de Lenin, pero nadie nunca creyó que eran ignorantes o idiotas, que es la impresión que los sucesores de Raúl provocan en los que los oyen hablar. Quizás, en privado, cuando están seguros de que nadie los oye, salvo sus amigos más leales, estos gaznápiros se convierten de repente en una combinación sacrílega de Oscar Wilde y Groucho Marx, ingeniosos y cortantes, disertan brillantemente sobre cualquier tema que cruce su imaginación, hablan de literatura y música clásica y The Shape of Water y Kendrick Lamar, admiten que la alharaca sobre “esa película y Martí” fue una equivocación, discuten sobre lo que quisieran hacer para transformar la agricultura cubana o reformar los tribunales o insuflarle un poco de vida y del idioma español a Granma, especulan sobre lo que harían en Siria si fueran Trump, y lo que harían si fueran Putin. Francamente, ¿alguien cree que esto es siquiera posible? Algunos de ellos no podrían encontrar Siria en un mapa.

No importa cuán ignorantes sean los sucesores de Raúl, o bien, sí importa, por el daño que su ignorancia y crueldad causarán al país, por todos los innecesarios sufrimientos que los cubanos padecerán mientras aparece una salida a este atolladero, pero más importa el hecho de que posean una común característica política, su pequeñez. Esos pigmeos terminarán peleando entre sí, tratando cada uno de escapar con un pedazo del decrépito edificio del Estado castrista antes de que se derrumbe. Algunos querrán apoderarse de los restos del ideario original de la revolución y de esos retratos de cartón de Marx, Engels y Lenin que adornaban los congresos del Partido, y ya no, pero deben estar guardados en alguna parte, mientras que otros preferirán quedarse con ETECSA o con medio Varadero. Los dividirán todos los grandes temas eternamente pospuestos por Raúl, desde la reforma del Estado hasta el matrimonio gay, y lo primero que los podría dividir, y permanentemente, sería cómo responder a una más animada actividad opositora en el país tras la muerte o incapacidad de Raúl, con diálogo, con indiferencia o a golpes. En ausencia de un líder indiscutible, que todos acaten, de un propósito común, y de un sistema ideológico coherente, tres cosas de las que estos nuevos gobernantes carecerán, se formarán previsiblemente clanes y fracciones que encontrarán crecientemente difícil convivir, no se diga colaborar.

No sería nada extraordinario, lo inusual es que no haya pasado antes. Los politburós comunistas en Europa del Este y la Unión Soviética fueron nidos de víboras, Erich Honecker forzó el retiro de Walter Ulbricht en Alemania Oriental, Nicolae Ceauşescu peleó con Gheorghe Apóstol por el poder en Rumanía, Antonin Novotný fue desplazado por Alexander Dubček en Checoslovaquia, y, por supuesto, el Kremlin fue durante décadas un matadero. Quizás dentro de tres o cuatro años El Estornudo esté comentando cómo un nuevo bloque de reformistas en el Consejo de Estado orquestó la destitución de Díaz-Canel, visto como el títere de una facción neocastrista, un líder apático, ineficiente y ampliamente despreciado, mientras en la Asamblea Nacional ocurren cosas nunca vistas, votaciones no unánimes, fragmentación, aparición de bancadas rivales, discursos mencionando la palabra “democracia” no para referirse a la de tipo “socialista”, y un diputado sugiriendo que el artículo 5, capítulo 1 de la Constitución, el que establece la supremacía del Partido Comunista, debe ser anulado, y recibiendo a la vez abucheos y aplausos. Cuando se llegue a ese punto, todo podría pasar. No sería necesario que un huracán como Irma llegara a La Habana para derribar a esos capitostes. Cualquier vientecito podría hacerlo. O un puñado de rufianes de Centro Habana.

34 Comentarios

    • El gran error de todos los especialistas sobre Cuba y sus instituciones es siempre el mismo – la supina ignorancia que tienen de Cuba y sus instituciones! Se leen un libro sobre Inglaterra, analizan la sórdida política del PP español y su corrupción galopante; las relaciones entre Soraya de Santamaría y la Cospedal; la guerra de partidos y ambiciones personales de los políticos italianos; y por último, las disquisiciones filosóficas de la mafia miamense, la derecha latinoamericana y los verde disidentes en Cuba se pretenden sabichosos y en condiciones de analizar la vida política, filosófica, cultural, física del pueblo, partido, gobierno y estado cubanos. Siempre van a errar el tiro

  1. Muy buen análisis. Ojalá que las posibles situaciones que describes se hagan realidad, más pronto que tarde, y que el pueblo cubano se ponga de una vez los pantalones largos. Saludos.

  2. Leo la revista desde hace un par de meses atrás (dos o cuatro, más no). Como soy nacido y criado en el capitalismo subdesarrollado y tengo mi mente y mi corazón anti-capitalista, algunas veces, las críticas (más que las críticas, los pedidos de…) y ciertas comparaciones me parecen un tanto ingenuas y/o excesivas. Esto no quiere decir que no se pueda criticar u expresar deseos (¿quién soy yo para establecer eso?).
    Lo que me pregunto cuando leo a los autores ¿acaso quieren el capitalismo? ¿pretenden para Cuba ese sistema? ¿o buscan reformas dentro del sistema actual (llámese como se llame)? (preguntas sin doble sentido, ni intenciones subrepticias, preguntas para entender un poco más cómo viene la mano).
    Saludos desde Argentina

    • Nico, creo que caes en el problema de muchos llamados «de izquierdas», que creen que con un artículo de crítica el autor pretende cambiar un sistema político. Juan Orlando habla de una realidad palpable en Cuba, un sistema huérfano de políticos, un pueblo acostumbrado a no tomar partido de las decisiones, que pronto (después) quedará a la deriva de líderes carismáticos.
      Estoy seguro que tu vida de «capitalismo subdesarrollado» ha sido el anhelo de muchos cubanos, por eso a todos los que viven fuera fuera de Cuba y defienden a capa y espada el sistema autoritario, los invito a pasarse un par de semanas en mi país.

      • No objeto la realidad que describe el autor debido a que no la experimento, confío en sus impresiones; pero considero que si le llama la atención es porque existe una intención de cambiar aquello que está mal. Pero bueno, ese es otro tema.
        Me parece interesante eso que decís sobre el «anhelo de muchos cubanos» y es justamente lo que me hace ruido luego de leer las notas de este sitio debido a que lo considero un deseo engañoso, parcial y hasta inocente.
        Parece un drama ¿no? ya que al fin y al cabo, estamos en la misma, ustedes tienen el «anhelo» de vivir en el capitalismo subdesarrollado argentino y nosotros, «los izquierdistas», en la isla más grande del Caribe. Más allá de la humorada (espero que se entienda como eso), hay un humorista argentino (especializado en lo bizarro) que tiene un sketch muy divertido, te lo recomiendo: https://www.youtube.com/watch?v=i38mJrTWfNE
        Saludos,
        Nico
        PD: Que sea de izquierda no quiere decir que defiendo «a capa y espada» al sistema político Cubano, solo quiero entender un poco más cómo piensa su gente, sobre todo los jóvenes-adultos como yo.

      • Nico, disculpa la demora en responderte. Fuera de etiquetas, las cuáles la práctica nos demuestra que suelen sobreponerse, yo solo espero que Cuba pueda arrancar de una vez de su inmovilismo y su pueblo pueda participar en ese cambio. Si vas a la Cuba de 2018, vas a notar un descontento generalizado. Gente sin un plan de vida, sin ánimos para planificar un futuro más allá de ir a la playa en agosto o comerse un lechó azado para fin de año.
        Disculpa si te exasperé con algún abjetivo, pero he estado en suramérica y he conocido a muchas personas autollamadas de izquierdas que plantean una Cuba socialista que solo que sólo existe en sus mentes. Créeme que lo que es hoy Cuba no se lo deseas a ninguna nación, ni si quiera a Haití como plan para erradicar su problemas.
        Te dejo un video de una visita de un youtuber a Cuba https://www.youtube.com/watch?v=XszDUwSb6g0
        Saudos

  3. Nico, yo me identifico mucho con la línea de la revista, y mas específicamente con lo que escribe Juan, pero ese soy yo, un embrión de casi-hombre-nuevo que se malogró en el camino jajaja Yo no sé si lo que yo deseo es capitalismo, o comunismo o alguno de esos «itsmos» que me saben a chicharrón de cebo, pero mi mayor anhelo es la democracia, y no cambio mis libertades por un poco de confort o «estabilidad» política, pero ese soy yo repito. Nunca has escuchado decir: «mal de muchos, alegría de tontos».? Por eso las comparaciones con este país o a aquel no tienen mucho sentido. Sólo te puedo decir como cubano, que hay una generación completa que ha sido silenciada, que le robaron sus libertades en nombre de otro bien mayor, que al final, solo ha beneficiado una disnastía y sus advenedizos (generales y burócratas), mientras millones de paisanos se pierden por ahí, por esas mismas selvas de tu país buscando un sueño que les robaron. Lo peor, es que ahora mismo, entre el Tercer Reich, los advenedizos y una disidencia a sueldo, el panorama no pinta bien en la isla. Saludos

    • En España no estamos de maravilla tenemos nuestros problemas, pero te puedo asegurar que los cubanos y venezolanos que veo por aquí dicen que están mucho mejor que en sus países de origen.

  4. Nico: yo también leo la revista hace pocos meses, la diferencia es que yo soy nacido y criado en un intento de socialismo más subdesarrollado de lo será nunca Argentina. Si vivierás los últimos 25 años en Cuba y conocieras los mitos de la memoria colectiva marchita de los cubanos, entonces los comentarios dejarían de ser ácidos y se conviertirían en un alivio. Y en una oportunidad y un placer el leer una realidad no construida por los mismo de siempre, los mismos que instauraron el socialismo subdesarrollado eterno que no parece ir a ningín lado. Saludos desde Cuba!!

    • Te cito: «entonces los comentarios dejarían de ser ácidos y se conviertirían en un alivio»
      Me parece una excelente semblanza de los sentimientos que deben experimentar muchos cubanos.
      Lo que me intriga es si esa «libertad de expresión» por la que luchan es dentro de la «revolución» o no. Nadie que no viva en Cuba puede enseñarle Cuba a los demás, es por eso que anoticiarme de las percepciones de aquellos que la habitan me parece un buen recurso para abastecerme de nuevos enfoques.
      Si queres intercambiar más ideas, te dejo mi correo: [email protected]

      ¡Salud!
      Nico

      • Hola! Yo tambien soy de Argentina y leo hace poco la revista. Me llamó la atencion lo mismo que a Nico, y noto que en la mayoria de las respuestas a extranjeros oponen un socialismo frenado a, tal vez, la promesa del capitalismo. No se que novedades llegaran allá sobre como afecta el capitalismo a los vecinos latinoamericanos, quizás no conocen el nivel de marginalidad en el que se encuentra inmersa gran parte de la poblacion aca en Argentina, al igual que en Brasil, etc. No se qué tanto hay documentado sobre nuestras villas y sobre las favellas brasileras, tampoco si ese material circula por allá. Por eso creo que para dar un debate completo y evitar una mirada parcial de ambos sistemas sería de gran ayuda tener un espacio de intercambio de vivencias. Dejo también mi mail.
        [email protected]
        ¡Saludos!

  5. Juan, brutal, desbastador el articulo que nos has regalado. Espero que en unos años se tome como material de estudio anunciado la inminente caida de esa infame y mal llamada Revolucion cubana

  6. interesante ponencia: los gaznápiros y palurdos que se perfilan como líderes futuros, en particular Miguel Mario Diaz-Canel Bermudez, son tan mediocres que lograrán mantener la hegemonía destructiva del partido communista en Cuba. Esto es, a menos que alguna facción del gobierno constituida por nulidades intelectuales logre disolver el monopolio político del partido. Parecería que no hay gran causa para ser optimista. Por eso estimo que los cambios vendrán por otro cauce.

  7. Esto es para Nico, y me temo no será corto:

    Los autores de este sitio, y por extensión otros de carácter independiente, mas que pedir algo están pintando a Cuba con sus colores -los de verdad- y no esa estampa en blanco y negro del oficialismo, donde dibujan un país asediado pero orgulloso, progresista e inclusivo, hasta bucólico, donde la gente ama el socialismo y sus líderes con el alma a pesar de los problemas. Como ya viste, mas de una vez abordan el lienzo con fino humor y en otras usan los pinceles como dardos, que incluso con dolor siempre aciertan su blanco: nuestra realidad.

    Cubanos, dentro y fuera de Cuba quieren «Normalismo», o sea, cualquier cosa diferente al engendro de los últimos 60 años, que nada bueno nos trajo, por mucho que ellos insistan en las supuestas ventajas vs el «capitalismo». Uno de los problemas fundamentales, no solo en Cuba sino tambien en otros paises, especialmente latinos, es la definición misma de Capitalismo, una y mil veces impulsada por la maquinaria propagandística del castrismo. Para resumir, lo convirtieron en un ente perverso y monolítico, por añadidura responsable de todos los males habidos y por haber en el mundo. El hecho de ser esta la visión de muchos simpatizantes de izquierda -incluyendote a ti- y de muchos ingenuos pero bienintecionados de centro-derechas dice mucho del buen trabajo que hicieron en pos de ese objetivo.

    En realidad hay tantos capitalismos como paises. No quiero convertir esto en una clase, pero si algo ha probado la Historia de forma continua y testaruda con sus hechos, es que el Socialismo nunca funcionó, jamás. El Capitalismo -si gustas llamarlo así-, ha sido la fuente de todo el progreso y los avances científicos y tecnológicos de la era moderna, aún con sus tropiezos y errores, inevitables por ser humana creación. Ha triunfado porque es flexible y adaptable, permite que el individuo sea libre y ponga buen uso a su capacidad creativa. Nada malo hay en salir adelante con el esfuerzo propio.

    Del otro lado, lo que llaman Socialismo/Comunismo, o todos esos ribetes que le ponen para aparentar diferencia (del Siglo XXI, etc.) cuando en esencia son exactamente iguales, falla en ambos frentes: Social y Económico. Por un lado concentra todo el poder en un solo individuo (o grupo muy reducido de personas) a nombre del Estado, a la vez que impone una forma de pensamiento -Ideología-. En esencia, es una suerte de religión, y el gran lider su Dios todopoderoso, que ordena y manda a su gusto y antojo, desde que sembrar y construir hasta la ropa y peinado que pueden llevar los ciudadanos (creeme, no exagero). El líder se adueña del trono y nada ni nadie pueden sacarlo sin importar sus errores o crimenes, tampoco rinde cuentas de su gestión y prohibe a toda costa cualquier forma de agrupamiento y expresión que pongan en tela de juicio su mandato o critiquen el Sistema mismo. Como el país pasa a funcionar como un feudo, las personas no pueden hacer, ni decidir, con sus vidas: el gran líder lo hace. Todo y todos tienen como fin seguir la ruta que él trazó -por absurda que sea- de manera tal que es imposible progresar porque se coartan las capacidades de la gente. Para mantener el control existe un centralismo burocrático enorme que funciona como embudo invertido para canalizar las decisiones, siempre hacia arriba, hacia el dictador, que dice la última palabra. Esencialmente es una forma moderna de monarquía con visos de feudalismo.

    Dicen que son igualitarios y progresistas, se prometen a sí mismos como la salvación y esperanza de los desposeidos; en la práctica todo país bajo uno de estos regímenes socialistas se convierten en hatos de pobreza donde solo el dictador y sus fieles mas cercanos viven a cuerpo de rey mientras el proletariado recibe la escases y el hambre a partes iguales por la implosión de la economía, causada por ellos. Hacer cambios, rebelarse, o votar por alquien distinto no solo es imposible en el Socialismo sino también ilegal. Abre los libros de Historia y por favor nombrame un país, uno solo, que haya triunfado siendo socialista. Vietnam y China, por ejemplo, sacaron a millones de personas de la miseria cuando «normalizaron» sus economias, manteniendo la trama dictatorial y represiva que los caracteriza.

    Te expliqué todo eso para que entiendas algo: ningún país necesita de un mesías izquierdoso para resolver sus problemas, ni rebeldes incendiando una nación mediante las armas y el terrorismo si quieren obtener salud y educación «gratis». Si tienen una economía sana, políticos serios y mucha educación para su Pueblo, solo deben hacer los ajustes impositivos, aplicarlos con transparencia, y ya está. Holanda, Noruega, Canadá, Bélgica entre otros lo hicieron posible, tienen socialdemocracias (ojo, no son socialistas) y contituyen la amalgama perfecta entre Capitalismo e ideas socialmente avanzadas. Irónicamente, esos paises capitalistas tienen lo más cercano al «Socialismo próspero y luminoso» que por décadas nos prometieron… y que nunca llegó, ni a Cuba, ni a la antigua URSS ni sus satélites del ex-bloque socialista europeo.

    • Makunga, ¿cómo estás? Lo tuyo fue extenso y muy claro. Gracias.
      Como dije más arriba, soy anti-capitalista antes que nada, por lo tanto, todas las virtudes que vos le endilgas al sistema dominante mundial, en realidad, desde mi perspectiva, no son reales. En el capitalismo no existe la igualdad, ni la libertad ni la fraternidad. (1) Con igualdad el sistema no funcionaria debido a que para que circulen las mercancías es necesario una desequilibrio (dueños de los elementos productivos por un lado, obreros por otro); (2) la libertad es parcial, solo la puede disfrutar en plenitud aquel que cuenta con los recursos económicos para «hacer lo que desee» y (3) lo que hace al progreso no es el «amor al prójimo», sino la avidez por las ganancias de aquello que se desarrolla.
      Obvio que hay países capitalistas que funcionan, por ejemplo, los que nombraste (que, por otra parte, no se puede dejar de mencionar que son países desarrollados y algunos fueron, en su origen, grandes saqueadores y colonizadores), pero no creo que sea justo comparar una isla asediada por diversos imperialismos desde hace varios siglos con países del primer mundo.
      Yo no quiero convencer a un cubano que su «socialismo» es bueno. Para nada. Mi intención es hacerle notar que el Capitalismo no es bueno para nada, menos en naciones como las nuestras, destinadas a ser el proveedor de materias primas del mundo.
      Y para terminar, en relación al concepto de «democracia». Entiendo que ustedes pidan una mayor libertad en ese sentido y así evitar a los «tiranos eternos», pero ojo. Acá, como lo sabes, votamos cada cuatro años a nuestros representantes, pero los que manejan realmente los hilos de la economía no son los políticos, son los grandes latifundistas y los grandes empresarios que, como nadie los elige, son los mismos desde que se estableció el Estado Argentino (apenas unas 200 familias, sin contar el gran capital extranjero instalado aquí). Por más que el presidente deseé tal o cual política de Estado, el rumbo lo marcan ellos a través de sus cabildeos, sus periodistas pagos, desfalcos financieros, etc.
      Saludos,
      Nico

      • Nico,
        «En el capitalismo no existe la igualdad»
        – En la vida real tampoco
        «ni la libertad»
        – Depende de que libertad estes hablando, libertad total no existe en ningun lado, al menos en el capitalismo tu puedes ser de izquierdas, en el socialismo solo hay un partido y si eres de derechas te tienes que joder

        «ni la fraternidad»
        Eso es demasiado subjetivo para poderlo medir, pero veo que tu forma de pensar es poner las intenciones por encima de los resultados, y eso es una fórmula para el desastre. No obstante te invito a que pongas el resultado de los estudios en los que te basas para evaluar la fraternidad en los 2 sistemas

        «el Capitalismo no es bueno para nada»
        Me gustaria mucho que me contestaras como ha sido la evolucion de la pobreza desde 1820 hasta nuestros dias, a aumentado o disminuido?
        Lo mismo con:
        Esperanza de vida al nacer
        Mortalidad infantil
        Clase media mundial
        Analfabetismo
        etc…
        Si el capitalismo no es bueno para nada, como afirmas categoricamente, debería quedar claro que todos esos factores deberían ser peor ahora que antes del surgimiento del sistema, verdad? Espero por tus datos.
        SLDS

    • Con un año de retraso llega este intento de respuesta, que me temo quedará bastante pálida en comparación con tu incordio resabioso e intelectualoide que se atreve a resumir toda la historia de un pueblo en tres o cuatro párrafos de puro veneno y que convierte una ideología, mal aplicada y disminuida por asfixia y presiones externas, en una condena y maldición inescapables a la que deberán someterse todos aquellos que tengan la osadía y el atrevimiento de pensar diferente o que disientan de la propaganda repetida de que el capitalismo siempre es mejor.
      Ahora, con tanta realidad socialista desbaratada y tanto miedo siquiera a los términos socialista y comunista, llegan los neofilósofos que se han embarcado en la travesía de hacer de la teoría de Marx -y que conste que no digo Lenin, que en mi opinión fue el primer errado- una tierra baldía que conduce únicamente a la miseria, tanto humana como económica, sin ninguna viabilidad política y mucho menos histórica.
      Sin embargo, Marx nunca dijo que los países pobres podrían dar paso a un sistema socialista, muy por el contrario, citaba como los lugares potenciales para el desarrollo socialista, las naciones precisamente que contaban con un mayor desarrollo de sus medios de producción y de sus fuerzas productivas, y esas naciones me recuerdan, en estos momentos a todas esas «democracias sociales o socialdemocracias», por la que tanto izquierdista arrepentido -o quizás simulador permanente- han abogado y aún abogan. Por suerte para ellas y sus pueblos, encontraron esas nuevas definiciones y denominaciones supletorias del «socialismo», porque si no, la guerra tuitera no fuera contra el imbécil de Maduro, sino para derribar a Stefan Löfven,Lars Løkke Rasmussen,Sauli Niinistö o Erna Solberg. Pero cuidado que varias de esas bien puestas democracias también son obedientes monarquías que en los últimos tiempos -por ponerle una fecha y hora- se han inclinado peligrosamente hacia la xenofobia, el racismo y el antieuropeísmo, que tuvo su cumbre con el incuajable Brexit de los británicos arrepentidos.
      Pero volviendo al hilo anterior, fue Lenin quien revirtió el orden lógico del socialismo marxista, al imponerle a la Revolución de Octubre el apellido paterno de «Socialista», en un estado apenas emergente del feudalismo atrasado de la Rusia zarista y frente a un cerco beligerante de gobiernos que prefirieron enfrentar a Moscú antes que a Berlín, con el consabido resultado.
      Por lo demás, me confieso socialista, marxista, exleninista y exfidelista. Creo en la Revolución Socialista -por más señas-, pero también me confieso Trotskista, es decir, creo en las revoluciones permanentes, las que hacen caso al pie de la letra del significado de esa palabra que nos quieren hacer olvidar a golpes de tuits, es decir «revoluciones que se revolucionan», siempre, sin ceder paso a los líderes omnipotentes, a los partidos exclusivos, a los corruptos de doble cara, a la manada silente o a los resabiosos inteligentes.

  8. […] Díaz-Canel es heredero directo de Raúl antes que de Fidel Castro. Y si en otros tiempos los cubanos esperaban ansiosos por lo que este último iba a decir, hoy la pregunta sobre él se concentrará en lo que va a hacer. La suya va a ser una dimensión fáctica. No se le esperan discursos sino medidas. Nadie le demandará que lo ilumine sino que lo mejore. […]

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