Bolt descalzo es todo talento, todo naturaleza, todo Jamaica. Bolt calzado encarna un entramado más complejo y se convierte en el escaparate trasnacional de sus patrocinios.
Somos, en fin, otra franquicia llamada Arte Contemporáneo, desde la cual validamos las prácticas del capitalismo más salvaje mientras nos permitimos sublimar las teorías del socialismo más cándido.
Y es que la última vuelta de tuerca va más allá de exponer las batallas sociales, las guerras de género, las injusticias varias de este mundo. Ahora, además, hemos avanzado hacia la exposición de las personas. En esa cuerda, un museo de Malmö ha tenido a bien exhibir dos mendigos rumanos. En Londres, el dramaturgo Brett Bailey se inspiró en los zoológicos humanos de la época colonial para mostrar a personas de raza negra en situaciones de sumisión o dominación. Un poco más allá, en Berlín, el Museo Judío nos deleitó con otra obra “humana”: Judíos en la vitrina.
En la actualidad, después de primaveras varias, plazas ocupadas, mareas indignadas, la nueva izquierda ha encontrado cobijo en paisajes menos agrestes, a los que intenta transformar, pero a los que, por el camino, también se va acostumbrando.
Lo que parece claro en Venezuela es que la gente no es tonta, que no se puede hacer política sin pensar en lo que la gente quiere. Quiero pensar que hay que tener paciencia. Si esta fuera una serie de televisión, es como si hora estuviera comenzando una nueva temporada.