Juan Orlando Pérez

Es, tercamente, el que ha sido, y no, por negligencia o pereza, otros hombres, ninguno de los cuales hubiera sido tampoco particularmente estimado por el público. Nació, inapropiadamente, en el Sagrado Corazón de La Habana. A pesar de la insistencia de su padre, nunca aprendió a jugar pelota. Su madre decidió por él lo que iba a ser cuando le compró, con casi todo el salario, El Corsario Negro. Él comprendió, resignadamente, lo que no iba a llegar a ser, cuando leyó El Siglo de las Luces. Estudió y enseñó periodismo en la Universidad de La Habana. Creyó él mismo ser periodista en Cuba durante varios años hasta que le hicieron ver su error. Fue a parar a Londres, en vez de al fondo del mar. Tiene un título de doctor por la Universidad de Westminster, que no encuentra en ninguna parte, si alguien lo encuentra que le avise. Tiene, y eso sí lo puede probar, un pasaporte británico, aunque no el acento ni las buenas maneras. La Universidad de Roehampton ha pagado puntualmente su salario por casi una década. Sus alumnos ahora se llaman Sarah, Jack, Ingrid y Mohammed, no Jorge Luis, Yohandy y Liset, como antes, pero salvo ese detalle, son iguales, la inocencia, la galante generosidad y la mala ortografía de los jóvenes son universales. Ahora solo escribe a regañadientes, a empujones, como en esta columna. La caída del título es la suya, no le ha llegado noticia de que haya caído o vaya pronto a caer nada más.

Como los muertos, “Revolución”

Fidel lleva dos años muerto, y por hábito, por pereza, por ignorancia, por agria terquedad, o por oportunismo, muchos cubanos siguen hablando de la “Revolución” como si todavía fuera 1968.

La cola del comedor

Los delegados del congreso de la UPEC insistieron en que no quieren copiar lo que llamaron “el modelo de prensa capitalista”, y prometieron que el de Cuba sería especial, diferente, mejor que el de todos los demás países, incluso el de Noruega.

La Constitución de Yusimí

Reformar la actual Constitución de Cuba es un ejercicio tan fútil como reescribir una mala novela y tratar de convertirla en buena.

Carta a Tom Wolfe de un periodista cubano

Tom: espantado de todo me refugio en ti. Ya ves que me ha sido imposible imitarte. Así pues, he decidido que, dado el significativo atraso nuevoperiodístico de nuestro periodismo, debo empezar desde cero.

Después

Esta semana, habrá cambio en la Jefatura del Estado, y alguien distinto a Raúl Castro será proclamado presidente. Nadie espera que cambie nada, y nada cambiará, no inmediatamente, porque Raúl, mientras viva y pueda mandar, será todavía quien mande.

#InCubaToo

Cuba necesitaría no solo un #MeToo, necesitaría una verdadera, arrasadora revolución de mujeres que comience por convencer a las propias mujeres de que no tienen que aguantar lo que ningún hombre aguantaría...

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