El fútbol le produce más orgasmos que las mujeres. Le teme a la muerte. Se estrelló en bicicleta contra un contén, en moto contra un Lada y en el Lada de su padre contra un Volga. Nunca le pasó nada, ni un arañazo, a sus amigos sí. Es adicto a la cerveza.
Los jineteros están por todas partes, sobre todo en las zonas turísticas y en los bares de moda, que proliferan en los últimos tiempos. Son verdaderos escuadrones armados a base de labia que han convertido su identidad cubana en una daga punzante que entierran en la carne de los extranjeros que aterrizan aquí en busca de ese ansiado dolor.
La Sierra del Infierno y los acuáticos se volvieron, junto a la base militar de EE.UU. asentada en la provincia de Guantánamo, uno de los dos únicos territorios dentro de los límites de la isla que la revolución cubana no pudo allanar.
Cuando la boleta haya caído encima del resto de las boletas que yacen dentro de la urna, los dos pioneritos que el domingo han tenido que levantarse más temprano que de costumbre para vestirse de uniforme escolar, dirán al unísono “votó”, y se llevarán la mano derecha a la frente, en saludo militar.
“Este es el mejor béisbol del mundo y hay un cubano por cada lado, estamos orgullosos de verlos ahí”, dice Yandry, uno de los hijos de Rodolfo, mientras acomoda encima de una mesa de madera el televisor LCD de su casa.
En 2025 registramos el fallecimiento de 36 héroes y heroínas. De ellos, 21 murieron en el exilio según la información recabada, y 15 lo habrían hecho en el país.