Nada, absolutamente nada, como el musicalizador de los entre innings. Al gráfico del line-up chino le engancharon una melodía de Revolución Cultural, de legiones de campesinos felices cultivando arroz bajo el sol luminoso de la Patria de Mao, que la única respuesta que se me ocurre para semejante agravio es que la televisión estatal china haya presentado el line-up cubano con Barbarito Diez de cortina fondo.
No teníamos que exponer a Lázaro Blanco, si así se prefería, pero uno de los dos camaradas Vladimir bien que pudo treparse al box. Con esas seis carreras le ganábamos incluso a Batista. Solo que el abuelito tierno de Carlos Martí nos hizo saltar al terreno vestidos de Oshín.
De todos los errores que pueden producirse en un juego de béisbol, el passed ball –a saber, el pasbol– siempre me incomodó particularmente. Existe un trío de razones para esta especial fobia. La primera tiene que ver con el protagonista de la pifia, el receptor, columna fundamental en las fortalezas defensivas, estratégicas y psicológicas del equipo.
Había un mensaje muy banal de parte de todos los artistas en concierto, y me conmovió ver niños en el público y adolescentes tararear con suma idolatría y desenfreno canciones con contenido sexual y otras inmoralidades...
Pestano fue un atleta tan excepcional como soberbio, alguien que, por ejemplo, nunca reconoció tener más ídolos o referentes en la receptoría que él mismo, y que pertenece a esa clase de jugadores que también ambicionan algún tipo de poder o influencia pública fuera de los terrenos.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.