"No era ni podía ser jamás un revolucionario. Yo era discípulo de Martí. Una mezcla de lucidez martiana y familiar, y de estupidez marxista y fidelista adquirida, pero desechable".
A pesar de aquel desplazamiento vital, la escritura de Gastón Baquero siguió una ascensión circular que lega una de las miradas más abarcadoras al cruce de letras en el Atlántico del siglo XX.
El campo cultural cubano no solo es un campo en tensión, como tantas veces le escuchamos decir a Pierre Bourdieu, sino algo resbaladizo y tentacular y con una cantidad considerable de arrastres de pies, personajes anónimos y porn stars.