La de Trump es la victoria de lo estridente sobre lo rutilante. Así que, mientras más estrellas de Hollywood, más intelectuales, más progresistas de fuste se dedicaban a defenestrarlo, más se incubaba el voto sañudo de un proletariado que, entre una emancipación hipotética y una explotación segura, ha optado por esta última.
No hay otro mariscal de la derrota de la razón republicana que el partido que dice representarla. Las primarias conservadoras han sido un talk show vergonzoso entre imitadores de Rambo y John Wayne, cada debate un capítulo de telenovela con revelaciones escabrosas y peleas que exhiben las miasmas de la condición humana.
Lo que parece claro en Venezuela es que la gente no es tonta, que no se puede hacer política sin pensar en lo que la gente quiere. Quiero pensar que hay que tener paciencia. Si esta fuera una serie de televisión, es como si hora estuviera comenzando una nueva temporada.