Ni la muerte ni el amor soportan testigos, escribió Boris Pahor. Sin embargo, detrás de cada muerte había siempre un velo, la aspiración de una historia oculta, un «lo mataron», un «no supieron atenderlo bien», un «ya no daba más».
Un grupo de muchachos valientes ha salido en defensa de otros muchachos valientes que la Seguridad del Estado encarceló en Holguín por crear contenido...